Alimentos crudos: peligros reales

Las intoxicaciones alimentarias surgen en muchas ocasiones de incorrectas manipulaciones de los alimentos en casa. Por ejemplo, por no lavarnos las manos tras ir al aseo o por mezclar alimentos cocinados con otros crudos.

Y es que los alimentos crudos, sobre todo los de origen animal, están implicados en multitud de intoxicaciones alimentarias derivadas de un mal uso en casa. No solo es cosa de bares y restaurantes.

Los patógenos se encuentran de forma natural

Muchos alimentos cuentan en su interior de forma natural con microorganismos patógenos, que son aquellos capaces de causar intoxicaciones alimentarias. Por ejemplo, el pollo crudo es un portador natural de Campylobacter, y está considerado por la OMS como uno de los agentes patógenos que más enfermedades gastrointestinales provoca en todo el mundo.

Por otro lado, tenemos el ejemplo clásico del huevo y Salmonella, un patógeno que se encuentra principalmente en la cáscara del huevo y que viene del tracto digestivo de la gallina.

En el pescado también tenemos algunos patógenos importantes, como es el caso del anisakis. En este caso no estamos ante un ser microscópico, ya que el anisakis está catalogado como un parásito y es visible a simple vista.

Por todo esto es muy importante cocinar los alimentos de forma adecuada y suficiente, para así garantizar la eliminación de todos estos patógenos. Si queremos consumir algunos de ellos en su versión cruda dentro de preparaciones como sushi, tartar o poke, es importante que respetemos ciertas precauciones en la manipulación.

Nunca hay que comer pollo crudo

En el caso del pescado, hay que congelarlo durante 5 días a -20ºC en casa para destruir el anisakis. Sin embargo este es un caso especial, ya que los microorganismos patógenos como Salmonella o Campylobacter no se destruyen con el frío.

Para el huevo, podemos optar por productos ya pasteurizados como la famosa “huevina” que encontramos en supermercado, pero para el pollo no hay solución posible por lo que nunca debería tomarse crudo.

En este sentido debemos tener cuidado con los marinados, ya que pueden darnos una falsa sensación de cocinado porque modifican el aspecto de los alimentos. En ningún caso eliminan el riesgo microbiano, ya que no implican el uso de un tratamiento térmico.

Ojo con los vegetales

Los alimentos de origen animal son los que mayormente están implicados en estos problemas microbianos, pero no debemos confiarnos con los vegetales.

Debemos tener en cuenta que al provenir de la tierra, la mayor parte de los vegetales también están en contacto directo con multitud de patógenos.

Algunas cepas patógenas de Escherichia coli y Staphylococcus aureus están habitualmente implicadas en brotes e intoxicaciones alimentarias derivadas de una mala higiene en vegetales.

Por ello es muy importante no solo lavar bajo el grifo, sino que también desinfectar los vegetales que vayamos a consumir crudos y con piel. De esta forma estaremos reduciendo el riesgo de padecer una intoxicación alimentaria.

Alimentos ecológicos: ¿son más saludables?

Cada vez los alimentos “BIO” o ecológicos están más de moda en los estantes del supermercado. La tendencia de consumo en otros países europeos como Alemania o Francia está afectando también progresivamente a España, donde la preocupación por la sostenibilidad y el bienestar animal son cada vez mayores.

Sin embargo, lo cierto es que el sello ecológico suele confundir en ocasiones, ya que pensamos inmediatamente que el producto que lo contiene es más saludable por definición. Y no tiene por qué ser así realmente. 

¿Cómo se regula lo ecológico o “BIO”?

Los alimentos etiquetados como ecológicos o «BIO» (ambos significan lo mismo) en la Unión Europea están regulados por una certificación y legislación especial que no todos los alimentos llegan a cumplir.

Para ello, es necesario contar con el conocido sello ecológico que aparece en el envase del producto en cuestión, y que depende directamente del Reglamento 834/2007 del Consejo de la Unión Europea sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos, cuya entrada en vigor fue el 28 de junio de 2007.

Esta legislación destaca los siguientes puntos:

Deberá existir una rotación de cultivos para un uso eficiente de los recursos.

Se prohíbe el uso de pesticidas químicos y fertilizantes sintéticos.

Se prohíbe el uso de organismos genéticamente modificados (OGM), grupo dentro del cual se incluyen también los transgénicos.

Restricción del uso de aditivos alimentarios

Como vemos, aquí no se dice nada de si un alimento es más o menos saludable o si debe poseer un contenido nutricional mayor que los alimentos convencionales. Las cuestiones que esta legislación refleja son relativas a otros aspectos que nada tienen que ver con la nutrición.

Los alimentos ecológicos no tienen por qué ser más sanos

Los alimentos ecológicos no son por definición más saludables. No debemos confundir ecológico con producto de cercanía, ese es el consumo que realmente deberíamos apoyar.

Basta con echar un vistazo rápido en la sección de frutas y verduras de cualquier supermercado para apreciar que muchos de estos productos proceden de la otra parte del mundo, y que además están envueltos con cantidades exageradas de plástico.

En resumen, no dejes de comer fruta y verdura si no te llega el bolsillo para los productos ecológicos. Dentro de la Unión Europea se cumplen con todos los requisitos necesarios para que los vegetales convencionales sean 100% seguros. Por ello, trata de comprar alimentos de temporada y nacionales en lugar de preocuparte por los ecológicos.

¿Qué es eso de «lugar fresco y seco»?

Seguro que habrás leído en la etiqueta de muchos productos alimenticios la siguiente coletilla: “conservar en lugar fresco y seco”. Pero, ¿qué significa exactamente? ¿Por qué se indica en los envases de algunos alimentos?

Estas dudas suelen ser habituales cuando leemos las etiquetas de productos como los frutos secos, panes, bollería o incluso conservas. En general, casi cualquier alimento que no necesita guardarse en el frigorífico tienen indicaciones como esta o similares.

Los alimentos se deterioran con el ambiente

El principal motivo que lleva a los fabricantes a advertir sobre las condiciones de conservación de ciertos productos alimenticios es su facilidad para degradarse ante ciertos factores externos.

Tanto la exposición a la luz, como la temperatura o la humedad son elementos clave que intervienen en la duración de los alimentos en nuestra despensa.

Esto se debe a varios motivos. Por ejemplo, los microorganismos alterantes se sienten más cómodos cuando el contenido en agua de los alimentos es mayor. También encontramos que los mohos y levaduras pueden desarrollarse más fácilmente ante ciertas condiciones de humedad.

Por otro lado, la exposición a la luz de ciertos alimentos como el aceite de oliva o las patatas fritas puede provocar el enranciamiento de sus grasas, dando lugar a defectos en el sabor, aroma y textura de los mismos.

Si nos referimos a la temperatura, también puede influir en el desarrollo de ciertos patógenos, creando un caldo de cultivo idóneo para los mismos. Además, las altas temperaturas favorecen las pérdidas de peso de algunos vegetales crudos como las frutas por deshidratación.

Las patatas crudas, por ejemplo, son un caso especial. Ya que además de almacenarse en un lugar fresco y seco, también se recomienda que sea apartado de la luz. Esto es debido a que con la exposición a la luz es más fácil que se desarrollen compuestos problemáticos como la solanina, clorofila, y la aparición de brotes en la patata.

¿Qué lugares son frescos y secos?

Quizá la mención de un lugar “fresco y seco” nos suene un poco extraño, pero lo cierto es que cualquier armario o cajón de una cocina habitual cumple con los requisitos suficientes para considerarse como tal.

Como apunte final, es importante que para almacenar vegetales exista además cierta ventilación ya que muchas frutas y verduras siguen respirando y madurando tras la recolección. En caso de guardarlas en ambientes demasiado cerrados corremos el riesgo de que maduren demasiado rápido y se echen a perder antes.

La cerveza sin alcohol, ¿lleva alcohol?

La cerveza sin alcohol es un producto odiado por muchos, pero también venerado por otras tantas personas. Es lógico, ya que permite (a priori) disfrutar de forma más saludable de una bebida fermentada que tiene un potente arraigo en nuestra sociedad.

Pero, ¿sabías que la cerveza sin alcohol realmente sí puede llevar alcohol?. Así es, según la norma de calidad de la cerveza y de las bebidas de malta en España, la cerveza sin alcohol es aquella con un contenido menor al 1% de alcohol en volumen, por lo que puede contener alcohol en cantidades mínimas. Lo más habitual es verla etiquetada con un 0,9% de alcohol.

Por otro lado tenemos la cerveza 0,0, un producto que sí podríamos pensar que realmente no tiene nada de alcohol. Pero tampoco es así. De hecho, no aparece en la legislación como tal. Se podría considerar más bien una marca publicitaria, una cuestión de marketing.

A pesar de no estar legislada, debemos suponer por aproximación que la cerveza 0,0 hace referencia a un contenido en alcohol máximo de 0,04% de alcohol. Sin duda, esto la convierte en la versión más saludable de todas a pesar de ese mínimo porcentaje de alcohol que contiene.

Aún así, debemos estar pendientes siempre de los etiquetados alimentarios. Es importante conocer la información de la etiqueta que realmente nos interesa y la que no. Solo de esta forma podremos tomar elecciones de compra saludables, basadas en una correcta información. De forma general, podemos decir que la parte trasera del envase donde se encuentra el listado de ingredientes y la tabla nutricional es la que más nos interesa.

Lo normal a estas alturas sería preguntarse: ¿por qué no encontramos ninguna cerveza 100% libre de alcohol? ¿Es tan difícil que el alcohol sea eliminado por completo de una cerveza?

Esto se debe a que es complicado eliminar el alcohol de la cerveza sin perder compuestos volátiles que dan sabor y aroma por el camino. Por eso, a día de hoy sería imposible obtener una cerveza sin alcohol con el mismo sabor que una convencional. Existe una limitación tecnológica que nos impide hacerlo por el momento.

Si nos centramos en la salud e intentamos trasladar todo esto a un punto más práctico, debemos tener en cuenta varias cosas. A pesar del contenido en alcohol, la cerveza sin alcohol puede ser una opción interesante para consumir si estamos implicados en llevar a cabo una alimentación más saludable. Recordamos que es una bebida que posee un contenido en alcohol bajísimo (especialmente la 0,0), por lo que dentro de un contexto saludable es perfectamente válida.

Por otro lado, si tenemos en cuenta la escasa oferta de bebidas saludables que tenemos en bares y restaurantes, la cerveza sin alcohol es una de las mejores opciones sin duda. Si pensamos en refrescos y otras bebidas alcohólicas como la cerveza clásica o el vino, está claro que la cerveza sin alcohol, el té con hielo o distintas aguas infusionadas o aromatizadas con frutas son opciones fantásticas para disfrutar en una terraza.

Grasas trans, ¿por qué evitarlas?

Las grasas trans siempre han tenido muy mala fama entre la población. De hecho, en los últimos años su utilización por parte de la industria alimentaria se ha reducido notablemente en favor de otras materias primas.

Mucha gente piensa que las grasas trans se llaman así por ser transgénicas, pero no es correcto. Este nombre se debe a la disposición química de los átomos de hidrógeno en la cadena de carbonos del ácido graso. Los transgénicos son otra cosa totalmente diferente, y tienen que ver con el empleo de ingeniería genética para utilizar genes entre diferentes especies para conseguir determinados propósitos, como por ejemplo una mejor resistencia a plagas o cierto beneficio nutricional en alimentos.

Pero, volviendo a las grasas trans, su composición química es sumamente importante. Precisamente de ella proviene el término de grasas trans, de la hidrogenación que se hace de algunos aceites vegetales para lograr que sus propiedades (textura, solidez) sean más interesantes para la industria alimentaria que fabrica productos insanos como bollería, galletas, comida rápida y otros ultraprocesados.

El problema es que este tipo de grasas están vinculada irremediablemente con un aumento del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, por lo que son un componente perjudicial para la dieta de los seres humanos. Esto es algo que ya se sabe desde hace varios años por parte de la comunidad científica.

Por esta razón, las autoridades sanitarias coinciden en que es necesario disminuir o eliminar su presencia en la dieta de la población. Para ello, es necesario regular las grasas trans en los productos alimentarios que podemos comprar.

Por ello, recientemente (desde el 1 de abril de 2021) se ha establecido un límite máximo de grasas trans en los productos alimentarios de toda la Unión Europea. Esto era algo que llevábamos años esperando y que por fin se ha hecho realidad legalmente.

La limitación consiste en que las grasas trans artificiales, es decir que no sean grasas trans presentes de forma natural en las grasas de origen animal, podrán usarse en un máximo de 2 gramos por cada 100 gramos de grasa en alimentos destinados al consumidor final y en alimentos destinados al suministro a minoristas.

Realmente será una medida con un impacto mínimo en la sociedad, porque el contenido en grasas trans que ya venían utilizándose estaba por debajo de esos 2 gramos que fija la nueva normativa. Sin embargo, esto ha sentado un importante precedente, ya que es la primera vez que se limitan legalmente las cantidades de un nutriente problemático para la salud humana.

¿Se puede comer la piel de las patatas?

La patata es un alimento imprescindible en cualquier parte de España, y en muchos otros países a lo largo del globo. De hecho, es la protagonista estrella de una buena parte de los platos tradicionales.

A pesar de su popularidad, todavía existen muchos mitos alimentarios relacionados con este tubérculo. Por ello, en el artículo de hoy abordaremos uno de los más que más dudas genera: ¿se puede comer la piel de las patatas?

La piel de las patatas es rica en vitamina C

Lo cierto es que la piel de la patata contiene ciertos micronutrientes de interés como la vitamina C que al pelar la patata desaparecen.

Por ello, y según el tipo de preparación que llevemos a cabo, deberíamos pensar en cocinar las patatas con piel para mejorar su perfil nutricional y que así sean más interesantes para la salud.

Además de vitamina C, la piel de la patata también contiene cantidades importantes de fibra dietética, compuesto asociado con múltiples beneficios saludables y que nos ayuda a realizar de forma más ligera la digestión, facilitando el tránsito intestinal y la absorción de nutrientes en el tracto digestivo.

También en la piel encontramos una buena parte de sus minerales como fósforo, magnesio, zinc y calcio.

Hay que lavar bien la piel de las patatas

La piel de la patata es un elemento interesante, pero su consumo no está exento de riesgos. Si lo pensamos, la patata se encuentra en contacto directo con la tierra y esto aumenta las probabilidades de que nos encontremos con ciertos microorganismos patógenos, por lo que es muy importante que lavemos bien la piel de la patata bajo el grifo.

En principio, no es necesario desinfectar la piel ya que no consumimos patatas crudas, y con el cocinado de la patata se elimina este riesgo microbiano por las altas temperaturas que alcanzamos.

También podemos utilizar cepillos y utensilios para limpiar bien aquellas zonas más difíciles y así eliminar los restos de tierra que puedan quedar adheridos a la piel de la patata.

Cuidado con la solanina

A pesar de que los riesgos microbianos no deberían preocuparnos especialmente, sí que existen otros factores a tener en cuenta en relación a la piel de la patata.

Por ejemplo, debemos tener cuidado con la solanina, un compuesto tóxico que puede aparecer en la piel de las patatas ante la acción de ciertos factores ambientales como la exposición a la luz.

Afortunadamente es bastante fácil detectar la presencia de solanina en la piel de la patata, ya que suele venir acompañada de un color verdoso que indica la presencia de clorofila, compuesto que se desarrolla también por la exposición a la luz. Simplemente quita esa parte de la piel que esté verde, si toda la patata está verde, mejor tírala.

¡Un extra para tus defensas!:

NutriScore: fallos del nuevo etiquetado

Nutriscore se define como un sistema de puntuación en el etiquetado alimentario que permite observar de forma muy rápida si un alimento es saludable o no lo es.

Lleva varios años sometido a debate dentro de la comunidad científica, y también por parte de los profesionales de la alimentación, ya que desde hace un tiempo se viene barajando su posible implementación en España. De hecho, algunas marcas ya lo utilizan de forma voluntaria en el etiquetado de sus productos.

Si profundizamos en su funcionamiento, vemos que Nutriscore consta de un sistema de puntuación basado en colores y letras que pretende simplificar la lectura de las etiquetas y valores nutricionales por parte de la población, facilitando el acceso a alimentos y productos más saludables.

De esta forma, mide la calidad nutricional de un producto exclusivamente en función de los nutrientes que contiene y simplifica visualmente el etiquetado a través de un etiquetado tipo semáforo basado en 5 letras y colores:

A (Verde oscuro): excelente calidad nutricional, la mejor puntuación

B (Verde claro): buena calidad nutricional

C (Amarillo): calidad nutricional media

D (Naranja): mala calidad nutricional

E (Rojo): muy mala calidad nutricional

A pesar de su buena intención, lo cierto es que Nutriscore presenta algunos fallos que no lo convierten en el mejor sistema en lo que valoración nutricional se refiere. Algunos de los principales problemas que plantea en la actualidad son los siguientes:

No diferencia las grasas malas de las buenas. Este ha sido uno de los elementos más polémicos, ya que en Francia —país que aplica desde hace años el sistema Nutriscore— el Aceite de Oliva Virgen Extra está catalogado con la letra D de color naranja, es decir, una mala calidad nutricional. Esto es incorrecto desde el punto de vista científico, ya que a pesar de ser una materia prima elevada en calorías, sabemos que el aceite de oliva en general —y el virgen y virgen extra en particular— están relacionados con múltiples beneficios saludables, como por ejemplo relativos a protección cardiovascular y de los huesos.

Sólo permite comparar alimentos de la misma categoría. Una gran limitación, ya que no permite comparar bajo los mismos parámetros los distintos tipos de productos y alimentos que encontramos en un supermercado. De esta forma, un refresco edulcorado obtiene una puntuación superior a la del aceite de oliva virgen extra.

Tampoco tiene en cuenta el grado de procesamiento de los alimentos. Este fallo también provoca mucha confusión en los consumidores, ya que los refrescos edulcorados por lo general salen bien parados con Nutriscore, obteniendo puntuaciones muy altas. De esta forma, no se tiene en cuenta para nada la clasificación de “ultraprocesado”, por lo que muchos productos de bollería, snacks y aperitivos con una reducción en alguno de sus ingredientes insanos obtenga una puntuación superior a la que realmente merece.

¿Cómo almacenar las patatas en casa?

La patata es un tubérculo que se consume ampliamente en todo tipo de sociedades. Por ello, conocer cómo podemos almacenar las patatas de la mejor forma en casa se convierte en un tema de especial interés para todos.

Antes de entrar en esta cuestión, conviene que conozcamos algunos puntos clave en relación al crecimiento de la patata después de su cosecha.

La patata sigue respirando después de recogerla

Después de ser recolectada, la patata sigue desarrollando ciertos procesos fisiológicos como la respiración, donde lleva a cabo el intercambio degases con su entorno. Estos procesos son más o menos rápidos según varios factores, como por ejemplo la temperatura o humedad del ambiente y la acción de ciertas hormonas.

Cuidado con la exposición a la luz

Seguro que lo has oído más de una vez: las patatas deben almacenarse en un lugar fresco, oscuro y húmedo.

De hecho, la temperatura ideal para almacenar patatas está entre 7 ºC y 10 ºC, algo que difícilmente alcanzaremos en casa. Sin embargo, debemos tratar de controlar la temperatura en la medida de lo posible.

Por otro lado, la exposición a la luz favorece que la patata comience a sintetizar algunos compuestos potencialmente peligrosos como la solanina. Además, comienzan a aparecer brotes, clorofila y la patata reduce su tamaño y peso a raíz de los procesos de respiración y oxidación propios del tubérculo que comentábamos previamente.

De aquí viene la recomendación de almacenar las patatas en un lugar oscuro, alejado de la exposición a la luz, y también en un ambiente fresco.

La humedad de la patata también importa

Por otro lado, se recomienda mantener las patatas en un entorno húmedo porque su composición es de aproximadamente un 80% de agua.

También es importante mantener una adecuada ventilación en casa. Esto es debido a que la patata sigue respirando, por lo que capta oxígeno y cede al entorno dióxido de carbono. Este es otro motivo más que justifica la necesidad de mantener las patatas en un espacio abierto y no cerrado, permitiendo una adecuada circulación del aire.

¿A quién no se le ha podrido alguna vez una patata? Es bastante habitual que esto suceda cuando nos equivocamos y las almacenamos durante cierto tiempo en entornos cerrados. Para evitar que esto suceda, siempre podemos recurrir a algunos trucos sencillos. Por ejemplo, podemos almacenar las patatas en una bolsa oscura con agujeros para favorecer la respiración.

El arroz: ¿mejor comerlo frío o caliente?

Una duda muy frecuente es si el arroz consumido frío es más saludable que recién cocinado en caliente, formato en el que solemos consumir el arroz a través de distintas preparaciones culinarias.

En primer lugar, el arroz es un cereal, y como tal es rico en hidratos de carbono. Concretamente, el almidón destaca como el compuesto mayoritario siendo la fuente energética predominante en el arroz.

Este almidón está formado por largas cadenas de glucosas unidas, que se agrupan a su vez en dos compuestos: amilosa y amilopectina.

Cuando enfriamos el arroz, lo que sucede es que este sufre un proceso conocido como retrogradación del almidón. De esta forma el almidón se compacta y también se vuelve más difícil de digerir.

Podríamos decir que el organismo tarda más en asimilarlo y se comporta de forma similar a la fibra dietética, por ello se considera que tiene un plus de salud. De esta forma, su índice glucémico es inferior al arroz caliente. Lo que significa que nuestro cuerpo tardará más en asimilarlo y obtener la glucosa de su interior que pasará a nuestro torrente sanguíneo.

Sin embargo, tampoco significa que tomar el arroz caliente sea malo para la salud. Nuestras preferencias culturales y gastronómicas también importan, ya que esto forma parte de la salud humana. Por otro lado, el plus de salud que otorga consumir el arroz frío tampoco es la panacea absoluta, por lo que no debemos otorgarle propiedades mágicas.

En definitiva, el arroz es un buen alimento que tiene cabida en una dieta saludable. Como todos los alimentos ricos en hidratos de carbono, deberíamos adaptar tanto su frecuencia como cantidades de consumo en función de nuestra actividad física en el día a día. De esta forma, aquellas personas que realicen más deporte de forma frecuente necesitan una ingesta de hidratos de carbono superior.

Otro aspecto que es fundamental cuidar en relación al arroz es la seguridad alimentaria. Es recomendable refrigerar las sobras de arroz lo antes posible y consumirlas en un plazo máximo de 1 día. Solemos despistarnos con esto, y es muy importante, ya que algunos patógenos como Bacillus cereus se encuentran muy cómodos en alimentos como la pasta y el arroz y podrían provocarnos una grave intoxicación alimentaria.

El arroz es un alimento que aguanta poco tiempo en el frigorífico, ya que es bastante favorable para el desarrollo de patógenos. Por supuesto, en ningún caso debemos guardarlo fuera de la nevera una vez haya sido cocinado.

UN PLUS PARA TUS DEFENSAS:

¿Qué es el aminograma completo?

Si eres una persona interesada por la nutrición, seguro que has escuchado alguna vez el término “aminograma completo” para referirse a la calidad proteica de un alimento.

Pues bien, llamamos aminograma al conjunto de aminoácidos presentes en un alimento, y es completo cuando está formado por todos aquellos aminoácidos que son imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo humano: los aminoácidos esenciales.

Debemos saber que la calidad de una proteína viene determinada por la proporción de aminoácidos esenciales que esta contiene, es decir, de las subunidades más pequeñas que forman las proteínas.

Esto sucede porque, como decíamos antes, los aminoácidos esenciales son aquellos que el cuerpo humano no es capaz de sintetizar por su propia cuenta y por lo tanto requieren del aporte externo a través de la ingesta dietética. Los aminoácidos esenciales suman un total de 8, siendo: triptófano, lisina, leucina, isoleucina, valina, fenilalanina, treonina y metionina. Habría que sumar la histamina en la infancia.

Por otro lado, los aminoácidos no esenciales son aquellos que el cuerpo humano puede sintetizar a partir de otros compuestos, y por lo tanto no necesita ingerirlos obligatoriamente a través de la dieta, al contrario que sucede con los aminoácidos esenciales. Los aminoácidos no esenciales suman un total de once, y son: alanina, arginina, asparagina, ácido aspártico, cisteína, ácido glutámico, glutamina, glicina, prolina, serina y tirosina.

Al contrario de lo que se creía hace años, sabemos que existen alimentos de origen vegetal que cuentan con todos los aminoácidos esenciales en su composición, esto es lo que conocemos por “aminograma completo” como contábamos al inicio del artículo. Algunos ejemplos de fuentes vegetales con aminograma completo son las judías, los garbanzos, la soja y sus derivados [tofu, tempeh, soja texturizada…], la quinoa, el amaranto y el trigo sarraceno.

Sin embargo, no es obligatorio que busquemos consumir únicamente alimentos con aminograma completo, ya que en una dieta existe variedad de alimentos y por lo tanto podremos incorporar estos aminoácidos a partir de diversas fuentes.

Otros alimentos ricos en aminoácidos esenciales son todos los cereales integrales [arroz, espelta, centeno, bulgur, mijo…], los frutos secos y las semillas.

Esto no supone un problema en la población vegetariana y vegana, ya que es posible complementar diferentes alimentos vegetales como legumbres, cereales y frutos secos a lo largo del día para cumplir sobradamente con las necesidades de aminoácidos esenciales. 

Tampoco es obligatorio combinarlas en una misma comida, ya que pueden repartirse sin problemas en las diferentes ingestas. Una combinación muy buena es la mezcla de cereal y legumbre, como por ejemplo el clásico guiso de arroz con lentejas o alubias.