Dátiles: 5 motivos para comerlos

Los dátiles son uno de los alimentos con mayor popularidad en los últimos tiempos, ya que se han convertido en una alternativa saludable al azúcar refinado en infinidad de productos y recetas dulces.

Por ello, los dátiles presentan una serie de ventajas nutricionales bastante interesantes. Aún así, debemos recordar que son un alimento bastante calórico, por lo que su consumo debe ser moderado y adaptarse a nuestro estilo de vida y a la frecuencia con la que practicamos actividad deportiva.

  • Tienen un alto contenido en fibra. La fibra dietética nos ayuda a regular el tránsito intestinal, así como a incrementar nuestra saciedad o sensación de llenado en el estómago. Por ello, los dátiles se convierten en un gran aliado para controlar nuestro apetito. Respecto al contenido en fibra dietética, los dátiles nos aportan unos 7,1 gramos de fibra por cada 100 gramos de alimento.
  • Son ricos en potasio. Este mineral cumple con importantes funciones en el organismo, como por ejemplo contribuir al correcto funcionamiento del sistema nervioso. También ayuda a la contracción de nuestros músculos y a que el ritmo cardíaco se mantenga constante. Por otro lado, interviene en ciertos procesos metabólicos a nivel celular que se encargan del transporte de nutrientes. Los dátiles destacan con un contenido abundante de magnesio, aproximadamente 677 mg por cada 100 gramos de alimento.
  • También tienen cantidades interesantes de magnesio. El magnesio también interviene y ayuda a desempeñar correctamente ciertas funciones a nivel del sistema nervioso. Además, ayuda a mantener un sistema inmunitario saludable, mantiene constantes los latidos del corazón y ayuda a que nuestros huesos permanezcan fuertes. La cantidad de magnesio presente en los dátiles es de 58 mg por cada 100 gramos de alimento.
  • Destaca en niacina o vitamina B3. Esta vitamina perteneciente al grupo B nos ayuda a mantener un correcto funcionamiento del aparato digestivo, la piel y también los nervios. Por otro lado, también interviene en muchas reacciones metabólicas que transforman los alimentos que ingerimos en energía. La cantidad de niacina aportada por los dátiles es de 1,7 mg por cada 100 gramos de alimento.
  • Alto en energía y recomendado para deportistas. Algo que podría ser negativo en algunos grupos de la población, como por ejemplo personas con exceso de peso, puede llegar a ser beneficioso en otros colectivos. Este es el caso de los dátiles y los deportistas, ya que al ser un alimento calórico saludable puede ayudar a obtener mucha energía de forma sencilla para afrontar rutinas deportivas muy exigentes e intensas. Los dátiles aportan una cantidad aproximada de 288 Kcal por cada 100 gramos de alimento.

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¿Por qué es importante mantener la cadena de frío?

“¡No rompas la cadena del frío!” Seguro que esta frase resuena en la cabeza de más de una persona, ya que es algo que venimos escuchando desde nuestra infancia en relación a la conservación de los alimentos.

Y es normal, ya que el frío es un elemento muy importante que permite que nuestra comida dure más tiempo y en mejores condiciones. Pero, ¿sabes por qué realmente el frío prolonga la vida útil de los alimentos?

Qué es la cadena del frío

Cuando hablamos de “cadena del frío” hacemos referencia a mantener en todo momento los alimentos que necesitan frío dentro de la nevera, o bien a que estos permanezcan el menor tiempo posible a temperatura ambiente. Al menos este es su significado en el ámbito más cotidiano.

Si hablamos a nivel de industria, lo cierto es que mantener la cadena del frío se convierte en una tarea fundamental. La industria alimentaria debe garantizar en todo momento la correcta conservación de los alimentos. Esto hace referencia a todas las etapas del proceso de producción de alimentos: desde que se fabrican, producen, envasan y distribuyen, pasando por el mercado y supermercado, hasta que llegan a nuestra mesa.

Pero, ¿realmente el frío es tan importante para conservar la comida? Lo cierto es que sí lo es, ya que minimiza las posibilidades de que suframos intoxicaciones alimentarias.

La importancia del frío en la conservación de alimentos

Lo cierto es que mantener los alimentos en frío es mucho más importante de lo que parece, de hecho en la industria alimentaria es algo que se vigila hasta el más mínimo detalle.

Esto es debido a que la temperatura, junto al tiempo, es una de las variables clave que intervienen en los procesos de conservación de los alimentos, y va ligada al posible desarrollo de microorganismos patógenos.

Como sabrás, en la naturaleza existen multitud de microorganismos. Algunos pueden ser beneficiosos para nuestros organismo, de hecho muchas especies forman parte de nosotros a través de la microbiota. Sin embargo, también existen otros microorganismos que son llamados patógenos porque son capaces de provocarnos enfermedades a través de las intoxicaciones alimentarias.

Estos microorganismos son capaces de desarrollarse en un rango muy amplio de temperatura, e incluso algunos también lo hacen en temperaturas de refrigeración. Sin embargo, no es el caso de la mayoría, donde ven ralentizada su actividad y multiplicación gracias al efecto del frío. En el caso de la congelación, la actividad de los microorganismos se ve paralizada, por eso duran tanto tiempo los alimentos congelados.

Por todo esto, resulta sumamente importante que ciertos alimentos y productos sean conservados en el frigorífico. Estamos hablando de los platos preparados o sobras de comida, los alimentos o conservas una vez abiertos o desprendidos del envase, y también aquellos alimentos y materias primas que por su sensibilidad necesitan frío en todo momento, como los alimentos crudos y vegetales ya cortados y desprovistos de su cáscara o corteza.

Los alimentos se degradan de forma natural

Además de los microorganismos, los alimentos también sufren procesos naturales de degradación que pueden verse incrementados con factores ambientales como la humedad, luz o temperatura. Algunos de ellos son la oxidación, la pérdida de peso por evaporación de agua, o la putrefacción en casos más extremos. En algunos de estos procesos pueden intervenir los microorganismos, pero en otros no necesariamente.

Por normal general, se recomienda que los alimentos y productos que necesitan frío no permanezcan más de dos horas a temperatura ambiente. Sin embargo no existe una cifra mágica. Lo ideal es refrigerar los alimentos cuanto antes, sobre todo cuando volvemos de la compra. Este suele ser uno de los puntos más críticos que puede echar a perder nuestra comida.

Por otro lado, también debemos tener en cuenta las épocas del año que ven incrementadas las temperaturas, como es el caso del verano. En estos periodos el almacenamiento de alimentos en el frigorífico cobra más importancia todavía, así que debemos llevar cuidado con no dejar ciertos productos demasiado tiempo fuera de la nevera. De esta forma estaremos evitando la multiplicación de los posibles microorganismos patógenos que hayan llegado a los alimentos debido a una mala manipulación en casa o algún despiste higiénico. Siempre es mejor ser todo lo precavidos que podamos en estos casos para evitar intoxicaciones alimentarias.

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¿Cuál es el mejor tipo de chocolate?

El chocolate es uno de los alimentos más queridos por todos, indudablemente. Por desgracia, generalmente, es un producto alto en calorías y azúcares añadidos que debería consumirse lo menos posible en el contexto de una dieta saludable.

Sin embargo, no todos los chocolates son así. Existen chocolates con altos porcentajes de cacao que podrían tener una presencia mayor en nuestra dieta sin ningún problema, aproximadamente a partir del 75% de cacao podemos considerar que un chocolate es saludable.

Para empezar, debemos saber que a nivel legal existen varias definiciones que nos dicen qué es exactamente el chocolate. Según la reglamentación técnico-sanitaria sobre los productos de cacao y chocolate en España, el chocolate es el producto obtenido a partir de productos de cacao y azúcares que debe contener un 35% como mínimo de materia seca total de cacao, del cual un 18% como mínimo será manteca de cacao (la grasa del cacao) y un 14% como mínimo materia seca de cacao desgrasado.

Partiendo de esta definición, podemos encontrar multitud de tipos y posibilidades en lo que a chocolate se refiere, aunque las categorías más básicas son el chocolate blanco, chocolate con leche y chocolate negro.

Chocolate blanco

El chocolate blanco es uno de los tipos de chocolate más polémicos, ya que algunas personas dicen que no debería considerarse como chocolate. ¿Por qué? Pues porque realmente no contiene la parte magra del cacao, que es aquella relacionada con beneficios saludables asociados a sus polifenoles.

El chocolate blanco está elaborado a partir de la manteca del cacao, es decir, la parte grasa. Sin embargo, no contiene nada de la parte magra del cacao que es la responsable de su característico color marrón oscuro. Por ello, el chocolate blanco tiene una tonalidad muy diferente a otros tipos de chocolates.

Además de la manteca de cacao, el chocolate blanco también puede contener leche en diferentes formatos. Según la reglamentación técnica del cacao, el chocolate blanco es el producto obtenido a partir de manteca de cacao, leche o productos lácteos y azúcares que debe contener, como mínimo, un 20% de manteca de cacao y, al menos, un 14% de extracto seco de leche, del que un 3,5% como mínimo corresponderá a materia grasa láctea.

Si hablamos de nutrición y salud, probablemente el chocolate blanco sea el tipo de chocolate menos saludable, ya que está compuesto por una elevada cantidad de azúcares añadidos y de grasa, siendo un producto muy calórico y con pocos nutrientes de interés.

Chocolate con leche

A medio camino encontramos el chocolate con leche, el tipo de chocolate probablemente más consumido y el más reconocible por todo el mundo.

El chocolate con leche sí que posee la parte magra del cacao, de hecho por legislación debe contener un porcentaje mínimo de cacao. Según la reglamentación técnica del cacao, el chocolate con leche es el producto obtenido a partir de productos de cacao, azúcares y leche o productos lácteos que debe contener como mínimo 25% de materia seca total de cacao, un 14% de extracto seco de la leche, un 2,5% de materia seca y desgrasada de cacao, un 3,5% de materia grasa láctea y un 25% de materia grasa total (sumando la manteca de cacao y la materia grasa de la leche).

Podríamos decir que este chocolate es un poco mejor que el chocolate blanco, en lo que a nutrición se refiere. Sin embargo, sigue sin poderse considerar como un alimento saludable ya que posee enormes cantidades de azúcares añadidos que lo convierten en una auténtica bomba calórica.

Chocolate negro

Por último encontramos el chocolate negro, el cual esconde un secreto interesante detrás. Y es que, realmente, la denominación “chocolate negro” no está recogida por la legislación al contrario de lo que ocurre con “chocolate blanco” y “chocolate con leche”.

En la mayoría de ocasiones, el término “negro” se utiliza en el chocolate como un reclamo de marketing que se asocia a una mayor calidad nutricional, sin embargo no tiene por qué ser así. Un chocolate que indique “negro” en la portada puede seguir conteniendo enormes cantidades de azúcar.

Por ello, de lo que debemos hablar es de chocolates con alto porcentaje de cacao, y no de chocolate negro. Como comentaba antes, un buen chocolate es aquel que contiene como mínimo un 75% de cacao aproximadamente. A partir de ahí, cuanto más chocolate tenga más saludable será por los polifenoles de la parte magra del cacao.

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Sin azúcar añadido: ¿qué significa realmente?

Seguro que alguna vez te has preguntado si toda la información que aparece en el etiquetado de los alimentos es correcta, y también si está controlada de alguna forma o bien si las empresas pueden poner lo que quieran para llamar nuestra atención.

Muchas veces parece que es así, ya que el bombardeo del marketing y la publicidad en los productos de peor calidad nutricional es constante. Incluso en los productos dirigidos a la población infantil, el grupo más vulnerable a este tipo de ultraprocesados.

Sin embargo, lo cierto es que algunos reclamos del envase sí que están debidamente regulados y solamente pueden indicarse si se cumplen ciertas condiciones. Uno de ellos es el término “sin azúcar añadido” que hace referencia a uno de los ingredientes más polémicos en los últimos años: el azúcar.

¿Qué significa sin azúcar añadido?

Según el Reglamento de la Unión Europea 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos, el reclamo “sin azúcar añadido” es una de las frases que puede indicarse de forma voluntaria en el etiquetado de los alimentos para destacar esta característica.

Para poder hacerlo, el producto en cuestión debe cumplir con algunos requisitos fundamentales que marca la legislación. Concretamente, solo puede declararse que no se han añadido azúcares a un alimento, así como efectuarse cualquier otra declaración que pueda tener el mismo significado para el consumidor, si no se ha añadido al producto ningún monosacárido ni disacárido, ni ningún alimento utilizado por sus propiedades edulcorantes.

Este último punto resulta muy importante, ya que en ocasiones algunos fabricantes añaden miel o zumos de frutas a un producto y siguen utilizando el reclamo “sin azúcares añadidos”. Esto incumple la legislación, ya que como he comentado no puede utilizarse esta declaración en un producto que utilice alimentos con propiedades endulzantes.

Azúcares naturalmente presentes

Por otro lado, es habitual que encontramos una coletilla en el etiquetado relacionada con la presencia natural de azúcares que tienen algunos alimentos.

Esto se hace porque, al utilizar el etiquetado de “sin azúcares añadidos” y revisar la tabla de valoración nutricional, podemos encontrar en el apartado de azúcares justo debajo de los hidratos de carbono cierta cantidad de azúcares.

Es importante matizar que el producto solamente contiene azúcares naturalmente presentes, como los que puede tener una fruta en su interior, un azúcar que en principio será saludable. Otro asunto es si estamos hablando de zumos de frutas o miel, en cuyo caso estaremos ante azúcares libres, considerados insanos por instituciones de referencia como la OMS.

El problema de los edulcorantes

Realmente, que un producto no tenga azúcares añadidos es algo positivo para nuestra salud. Sin embargo, la triste realidad es que en la mayoría de ocasiones estos productos suelen sustituir el azúcar por edulcorantes que siguen manteniendo el sabor dulce del alimento.

Como ya he contado en varias ocasiones, los edulcorantes hacen que sigamos enganchados al sabor dulce ya que alteran nuestro umbral del dulzor. Esto provoca que sigamos consumiendo productos dulces de mala calidad nutricional a lo largo del tiempo, ya que seguimos dependiendo de su dulzor en exceso sin disfrutar de los auténticos sabores de la comida.

Además, los edulcorantes de tipo polialcohol pueden ser perjudiciales para nuestra microbiota intestinal. Su consumo se relaciona con una peor calidad de la comunidad de microorganismos que conviven con nosotros, por lo que su consumo es más que desaconsejable. De hecho, es obligatorio por legislación indicar una muletilla de “su consumo excesivo produce efecto laxante” en los productos que contienen cierta cantidad de polialcoholes.

¿Sirve realmente el “sin azúcar añadido”?

Podríamos pensar que utilizar este reclamo es algo positivo en general para que los consumidores estemos mejor informados, o al menos para que podamos obtener una idea general del producto que tenemos enfrente antes de echarlo al carrito de la compra.

Sin embargo, lo cierto es que el reclamo “sin azúcar añadido” se utiliza mayormente en productos de una pobre calidad nutricional, como snacks, dulces, bollería, refrescos, golosinas y un listado sinfín de productos similares.

Por ello, realmente nos importa poco si estos productos tienen o no azúcares añadidos, ya que con una alta probabilidad contendrán edulcorantes que nos seguirán enganchando al sabor dulce y que, en definitiva, no aportarán ningún nutriente de interés a nuestro organismo.

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Cómo identificar el azúcar oculto en las etiquetas

El azúcar es uno de los ingredientes más polémicos de los últimos años. Y no es para menos, ya que su consumo prolongado en el tiempo se asocia con múltiples enfermedades metabólicas como la obesidad, dolencias cardiovasculares, diabetes, además de cáncer.

Otro de los puntos más problemáticos que plantea este componente es su presencia abrumadora en muchísimo productos de pésima calidad nutricional, los llamados ultraprocesados como snacks, bollería, galletas y otros dulces de consumo habitual entre la población. Por ello, conviene conocer cómo podemos identificar el azúcar de forma correcta en el etiquetado de los alimentos.

La tabla de composición nutricional

Si nos fijamos en el etiquetado alimentario, puede llegar a ser complicado identificar de forma correcta cuál es la cantidad de azúcar que contiene un producto.

El primer impulso siempre es revisar la tabla de valoración nutricional, una información obligatoria según la legislación europea donde se indican las calorías y el porcentaje de los diferentes macronutrientes, como grasas, proteínas e hidratos de carbono.

A su vez, también es obligatorio indicar la cantidad de fibra alimentaria, grasas saturadas y azúcares, así como otros componentes. Y aquí es aquí donde se suele poner el foco, erróneamente, ya que no siempre la cifra de azúcar indicada en este apartado equivale a la cantidad real de azúcares que se han añadido al producto.

Esto es debido a que también se incluyen los azúcares naturalmente intrínsecos de los alimentos. En un yogur, por ejemplo, siempre veremos unos 3-4 gramos de azúcar en el etiquetado aunque este no lleve azúcares añadidos. En este caso concreto se incluye la lactosa, que es el azúcar natural de la leche y sus derivados.

Por ello, fijarse únicamente en la cantidad de azúcar de la tabla nutricional no tiene demasiado sentido. ¿Dónde debemos mirar entonces? Pues en el listado de ingredientes.

El listado de ingredientes

El listado de ingredientes es otro de los elementos de obligado etiquetado según legislación europea, y en él deben aparecer todas las materias primas y aditivos que han sido utilizados durante el procesado del alimento y que permanecen en el producto final.

Es aquí donde debemos poner el foco para localizar qué cantidad de azúcares añadidos tiene un producto. Sin embargo, no siempre podremos conocer la cantidad exacta, aunque sí hacernos una idea aproximada del porcentaje de azúcares añadidos que el alimento contiene.

Si el azúcar aparece en las primeras posiciones del listado, entonces estaremos ante un producto muy alto en azúcares. ¿Por qué? Pues porque el listado de ingredientes se escribe en orden decreciente en función del contenido. Es decir, que los ingredientes mayoritarios irán en las primeras posiciones encabezando el ranking. Por el contrario, los ingredientes minoritarios aparecerán en las últimas posiciones.

De esta forma, podremos hacernos una idea aproximada de si un producto alimenticio tiene mucho o poco azúcar. Por supuesto, no es un sistema perfecto ni mucho menos, pero es lo más efectivo que podemos hacer actualmente según se encuentra la legislación europea en materia de etiquetado e información al consumidor.

También tenemos los azúcares libres

Por otro lado, existen algunos alimentos que a pesar de no poseer azúcares añadidos de forma externa siguen sin ser saludables. Algunos ejemplos serían los zumos de frutas o la miel, alimentos que son ricos en lo que conocemos por azúcares libres.

¿Y qué son exactamente los azúcares libres? Pues están catalogados por la OMS como cualquier monosacárido o disacárido que comporta riesgos para la salud humana, siendo vinculados con enfermedades metabólicas como la diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, y distintos tipos de cáncer. Estos azúcares son perjudiciales para la salud porque están desprovistos de la matriz del alimento que los contiene, así como el resto de ingredientes saludables como la fibra. Esto es lo que sucede, por ejemplo, en el caso de los zumos de frutas.

Así que, realmente, el término “azúcares libres” incluye todos los azúcares añadidos que hemos comentado previamente y además también aquellos que son naturales de algunos productos como zumos o miel pero que no aparecen en el etiquetado alimentario en sus ingredientes.

Esto complica todavía más la localización y correcta interpretación de los azúcares en el etiquetado de los alimentos, uno de los problemas actuales y fallos más grandes que plantea la legislación alimentaria en la Unión Europea en materia de etiquetado.

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¿Existe el corte de digestión?

Desde hace muchos años se nos ha dicho que debemos guardar cierto tiempo de reposo después de comer y antes de bañarnos, sobre todo en épocas veraniegas en relación con la playa y las piscinas.

Sin embargo, el corte de digestión como tal no existe realmente. No es un engaño del todo, ya que sí puede darse un problema de salud asociado a los baños bruscos y relacionado con la temperatura del agua.

Qué pasa con el corte de digestión

Como decía, el corte de digestión no existe realmente. Cuando consumimos alimentos, nuestro organismo ejerce cierto esfuerzo para poder digerir y asimilar correctamente todos los nutrientes a partir de los alimentos, y esto puede llevar asociado un aumento de la temperatura en el aparato digestivo.

Sin embargo, y a pesar de la creencia popular, la digestión no se corta o paraliza cuando nos bañamos. Por ello, realmente podemos decir que el corte de digestión no existe, sino que se trata de un mito. Realmente deberíamos hablar de hidrocución, un trastorno relacionado con la inmersión acuática y la temperatura corporal, pero que no es exclusivo de la ingesta de alimentos.

Qué es el síndrome de hidrocución

La hidrocución es un síncope provocado por el cambio brusco de temperatura en el organismo cuando contactamos con agua muy fría o muy caliente, en relación a nuestra temperatura corporal.

Los síntomas de la hidrocución son dolor de cabeza, palidez, zumbido de oídos, visión borrosa, vómitos y náuseas, que pueden acarrear en los peores casos la pérdida del conocimiento. Además, existe un riesgo real de muerte por ahogamiento si nadie nos socorre y sufrimos este problema dentro de la piscina o del mar por la pérdida de conocimiento.

Por qué se relacion con la digestión

Aunque no es algo exclusivo de la ingesta de alimentos, el síndrome de hidrocución sí que guarda cierta relación ya que después de comer nuestro organismo concentra grandes cantidades de sangre en el sistema digestivo para llevar a cabo la absorción de nutrientes, vitaminas y minerales.

Esto provoca que la temperatura de nuestro cuerpo aumente. Si nos bañamos de forma inmediata, sumergiéndonos de golpe o en aguas muy frías, corremos el riesgo de padecer este síndrome que erróneamente se relaciona con un corte de digestión como decía.

Por “culpa” de la actividad física también podemos sufrir un síndrome de hidrocución, ya que es un momento especial donde nuestro cuerpo aumenta bastante la temperatura. El deporte también provoca un cambio rápido de la temperatura de nuestro cuerpo, por lo que corremos el riesgo de sufrir los mismos problemas que después de una abundante comida.

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¿Por qué «light» no es igual a más saludable?

Hablar del etiquetado de los alimentos siempre es complicado, ya que existen muchos reclamos que generan ciertas dudas en cuanto a su utilidad en relación a la información real que proporcionan al consumidor en materia de nutrición y seguridad alimentaria.

Y es normal, ya que identificar qué información del etiquetado es correcta, cuál está regulada por la legislación y cuál no, es bastante complicado para el usuario promedio.

En el etiquetado alimentario actual encontramos mucho marketing que nos confunde y hace que no podamos separar la información verdadera de aquella que solo busca maquillar y ensalzar el producto para vender más.

Qué son las declaraciones nutricionales

Algunos de los términos que sí se encuentran regulados por la legislación son las conocidas “declaraciones nutricionales”. Estas palabras o grupo de palabras hacen referencia al contenido destacado en ciertos nutrientes que puede relacionarse con beneficios para la salud humana tras su consumo.

Algunas de estas declaraciones hacen hincapié en el contenido elevado de ciertos nutrientes, como por ejemplo “alto en proteínas” o “alto en fibra”. También encontramos otras declaraciones como “fuente de fibra” o “fuente de proteínas”, donde también se destaca el contenido del nutriente pero en menor grado.

Por otro lado, otras declaraciones nutricionales hacen referencia al bajo valor de ciertos nutrientes, normalmente relacionados con problemas hacia la salud. Estamos hablando de “bajo en grasa” o “valor energético reducido” o “sin azúcar”, entre muchos otros.

¿Y qué significa entonces “light”?

Dentro de este grupo encontramos la declaración “light”, que según la legislación equivale a la misma definición que se utiliza en la mención “contenido reducido” y debe ir acompañada de una indicación que especifique de forma exacta cuál es la característica que hace que el alimento sea “light”. Es decir, si es “light” por tener menos grasa o menos calorías, por ejemplo. Esto no debe ser confuso en ningún caso, y debe ser fácilmente identificable en el etiquetado alimentario.

¿Y qué dice exactamente la mención de “contenido reducido”? Pues, básicamente, que se puede utilizar cuando existe una reducción del 30% de un nutriente en concreto respecto a la versión original del producto a comparar. Por definición no especifica si se refiere a las calorías, las grasas u otro elemento. Por eso en la definición de “light” se nos dice que debe ir acompañado de la característica a la que se aplica dicha reducción.

¿Esto hace al producto “light” saludable?

En la práctica, un producto etiquetado como “light” suele tener un 30% menos de calorías o grasa que su versión original. ¿Y esto lo convierte en un producto saludable? Pues no necesariamente, ya que la mención “light” solemos encontrarla en patatas fritas, bollería y elementos similares, y no en frutas o verduras.

Por ello, aunque exista una reducción del 30% en el número de calorías procedentes de ingredientes insanos, el alimento o producto alimenticio seguirá siendo de una pobre calidad nutricional. Debemos fijarnos siempre en la calidad de las materias primas que componen un alimento, y no tanto en las cifras de los nutrientes o en algunos reclamos como este, que a pesar de estar regulado por la legislación europea puede llegar a confundirnos en lugar de ayudarnos a tomar decisiones de compra saludables.

En este sentido, es muy importante que identifiquemos correctamente cuáles son los productos que contienen el reclamo “light” y hagamos una valoración correcta de los mismos. Muchas veces es preferible consumir un producto insano de forma esporádica a consumir uno “light” de forma continuada en el tiempo, ya que las posibilidades de que nuestra salud empeore a raíz de su consumo serán mayores.

Este es otro de los problemas que plantean los productos “light”, la pérdida de la percepción de que el producto es igualmente insano. Bajo una falsa confianza y un halo de salud es más fácil incrementar el consumo de productos como bollería, patatas fritas o refrescos “light” sin apenas darnos cuenta, ya que creemos que son más sanos. Esto, en el cómputo global de la dieta, puede provocar que nuestro patrón alimentario sea de pésima calidad nutricional y que desplace el consumo de alimentos saludables y ricos en nutrientes como las frutas y verduras, legumbres, frutos secos, semillas, y cereales integrales.

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Natural, artesano, de la abuela, ¿realmente significan algo?

El etiquetado de los alimentos envasados nos muestra muchas veces algunos términos cuyo significado es realmente difícil de comprender: “natural”, “artesano” o “de la abuela” son tan solo algunos ejemplos.

De hecho, muchos de estos conceptos ni siquiera están regulados legalmente, por lo que se utilizan más bien como reclamos de marketing para llamar la atención y fomentar las ventas de esos productos bajo un paraguas de dudosa legalidad.

Hablo de dudosa legalidad porque según el Reglamento 1169/2011 de la Unión Europea, la información facilitada en los envases alimentarios no debe inducir a error al consumidor, y esto es lo que sucede claramente con muchos de estos términos confusos.

Qué significa “natural”

La palabra natural tiene un halo de salud implícita que se aprovecha como reclamo para destacar que un alimento es más saludable que los de su competencia.

Sin embargo, realmente la palabra “natural” no significa nada. Actualmente vemos panes de molde etiquetados como “naturales”, cuando ya sabemos que estos no crecen precisamente de los árboles.

Salvo casos contados, como el yogur natural, no tiene ningún sentido denominar a un alimento “natural” como si eso fuera un valor añadido o un motivo de calidad extra para comprar el producto.

Actualmente no existe regulación legal sobre este término, por lo que cualquier alimento puede contener un “natural” bien grande en su envase. Desde bollería, snacks, embutidos hasta cualquier otro tipo de ultraprocesados que claramente no es saludable aunque incluya la etiqueta “natural”.

Por otro lado, el hecho de pensar que algo natural siempre es mejor, también es un error. Los diferentes procesos tecnológicos para conservar la comida como la pasteurización o el uso del frío son artificiales, hechos por el ser humano, y nos permiten que podamos consumir alimentos de forma segura sin intoxicarnos durante muchísimo tiempo.

¿Y artesano?

Con la etiqueta “artesano” sucede más de lo mismo, ya que no existen regulaciones legales que vigilen su uso en el etiquetado alimentario.

Bueno, realmente existe un único caso donde la palabra “artesano” sí que está regulada legalmente, y es en la Región de Murcia. En esta zona de España existe un organismo de artesanía encargado de otorgar un sello de calidad regulado legalmente en base a las prácticas tradicionales que se llevan a cabo para elaborar los diferentes productos alimenticios.

Por supuesto, esto no es garantía alguna de salud, ya que el término “artesano” puede utilizarse en turrones, chocolates y otros dulces típicos que son muy tradicionales pero no son saludables en absoluto. 

¿Hay abuelas cocinando en la industria alimentaria?

Por último tenemos el concepto “de la abuela”, una coletilla que se añade habitualmente en platos preparados, guisos y diferentes salsas como el tomate frito, por ejemplo.

Esto nos puede llevar a preguntarnos si realmente la industria alimentaria tiene contratadas a abuelas para preparar estos productos en sus fábricas. Obviamente no es así, ya que los procesos se llevan a cabo igual que el resto, utilizando maquinarias y tecnologías que permiten producciones a gran escala.

Sin embargo, este distintivo sirve inevitablemente para vender más, ya que está apelando a nuestras emociones y recuerdos familiares. La cocina de la abuela siempre se ha percibido como un signo de calidad y buen sabor, por lo que es lógico que la industria alimentaria lo utilice en su beneficio.

Esto sí, debemos ser conscientes una vez más que no significa absolutamente nada ya que no está regulado legalmente. Para identificar si un alimento es saludable o no debemos recurrir a la lectura de los elementos del etiquetado alimentario que son obligatorios por legislación, como el listado de ingredientes y la tabla de información nutricional.

En primer lugar, siempre debemos mirar el listado de ingredientes, ya que nos dará una noción de la cantidad que lleva aproximadamente cada ingrediente dentro de la receta total del producto. Esto se debe a que el listado de ingredientes aparece en orden decreciente (de más cantidad a menos), por lo que los ingredientes que aparezcan en las primeras posiciones serán los mayoritarios en el producto.

Posteriormente podemos complementar la información consultando la tabla nutricional, donde veremos datos numéricos que nos servirán para conocer de forma más concreta la cantidad de los nutrientes que componen el producto. Sin embargo, no debemos obsesionarnos con ello, ya que estos datos suelen ser calculados por aproximación y no son 100% exactos siempre.

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¿Los plátanos son radiactivos?

¿Alguna vez has escuchado que los plátanos son radiactivos? Es algo que pocas personas conocen, pero que resulta bastante llamativo para quienes sienten curiosidad por los alimentos.

Y es que sí, los plátanos son radiactivos, pero no de la forma que imaginas. No vayas corriendo al frutero a deshacerte de todos ellos. En este artículo te cuento en profundidad por qué son radiactivos y por qué a pesar de ello no debes tener ningún miedo a comerlos en tu rutina habitual.

Muchos elementos cotidianos emiten radiación

Esto es algo que no todo el mundo sabe, y es que muchos elementos de nuestro día a día son radiactivos naturalmente. La radiación no es algo artificial o ajeno, sino que también forma parte de la naturaleza.

Tanto las estrellas, como las propias personas y otros elementos tecnológicos emiten radiación de forma habitual. Por supuesto, también los alimentos. Ellos no se quedan fuera.

Sin embargo, la radiación no solo es cosa de los plátanos. Otros alimentos como las nueces, patatas o semillas de girasol, por ejemplo, también contienen potasio K40. Este tipo de potasio no es dañino para el humano porque el cuerpo no lo acumula. De hecho, nuestro organismo tiene la capacidad de eliminar el exceso de este mineral cuando ha obtenido la cantidad suficiente.

Cuánta radiación tiene un plátano

Si volvemos al plátano, lo cierto es que cada pieza contiene aproximadamente un 0,0117% del mencionado isótopo de potasio K40.

En resumen, los plátanos en realidad sí emiten radiación, pero la energía radiactiva que emanan no es peligrosa para la salud. Esto se debe a que el plátano es rico en potasio, como ya sabrás, un mineral necesario para el organismo cuya cantidad por cada 100 gramos de plátano es de unos 400 mg aproximadamente. Pues bien, como decía este isótopo potasio K40 que forma parte del plátano presenta una fuente de radiactividad de baja intensidad.

Por ello, no debemos tener miedo a comer plátanos ni muchísimo menos, ya que la cantidad de radiación es minúscula. Además, como todas las frutas, los plátanos son un alimento muy saludable no solo rico en potasio, sino también en fibra dietética, así como diversas vitaminas y minerales que, en conjunto, conforman un alimento nutritivo, saciante y energético que tiene una cabida total dentro del contexto de una dieta saludable.

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Palitos de cangrejo: ¿qué llevan?

Seguro que has escuchado más de una vez que los palitos de cangrejo son saludables, o que se recomiendan en el contexto de una dieta saludable. Nada más lejos de la realidad.

¿Llevan cangrejo de verdad?

Realmente, los palitos de cangrejo ni siquiera llevan cangrejo en su composición nutricional. Como mucho, algunos llevan «extracto de cangrejo» que mediante aromas y saborizantes consigue imitar la sensación organoléptica del cangrejo.

Entonces, ¿de qué están hechos los palitos de cangrejo? Pues resulta que están elaborados con una materia prima llamada surimi cuyo procesado excesivo e ingredientes de mala calidad nutricional no hacen que sea un producto interesante para la dieta precisamente.

¿Qué es el surimi?

El surimi es una pasta de pescado que se obtiene tras procesar el músculo de pescados blancos generalmente, y tras adicionar componentes como almidones, colorantes, aceites vegetales y azúcares, entre otros ingredientes de dudosa calidad nutricional.

Su origen se remonta a los años 70 en Japón, donde se extendió el uso de esta técnica para aprovechar las especies de pescado con menos salida y el producto sobrante entre los pescadores.

Para conseguir el surimi, el pescado es sometido a muchos lavados hasta conseguir que el producto se vuelva una pasta blanca moldeable. Posteriormente, esta pasta o surimi puede ser procesada de muchas formas diferentes hasta dar con el ultraprocesado deseado.

El surimi no es saludable

¿Y qué pescados son los que se utilizan? Para la elaboración del surimi se utilizan restos de pescado poco interesantes, que como decíamos son lavados múltiples veces hasta adquirir una textura blanda y blanquecina. Después se le añaden colorantes y otros aditivos que otorgan sabor.

A partir del surimi se pueden obtener multitud de subproductos del pescado, el más habitual es el kanikama, conocido comúnmente como palitos de cangrejo o bocas de mar. Este sería el producto del que venimos a hablar hoy, pero a partir de surimi pueden elaborarse muchos más. Por ejemplo, aquellos que imitan a angulas y otros animales de origen marino.

En conclusión, el surimi no deja de ser un producto ultraprocesado al que se le añaden altas cantidades de sal, azúcar, harinas y/o aceites refinados de muy mala calidad nutricional. Por todo ello, su consumo no es recomendable si deseamos seguir una alimentación saludable.

Por supuesto, el surimi no es una fuente proteica de interés ni aporta nada interesante que no se pueda conseguir a partir de una dieta variada y donde predominen en alimentos saludables como frutas, verduras, hortalizas, frutos secos, legumbres y semillas.

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