Ultraprocesados: ¿por qué son perjudiciales para la salud?

Desde hace muchos años los ultraprocesados han cobrado un gran protagonismo, ya que cada vez la población está más concienciada sobre salud y nutrición.

Esto ha hecho que las personas sepamos identificar de forma cada vez más clara cuándo estamos ante un producto altamente procesado de mala calidad nutricional. ¿Pero realmente sabemos por qué los ultraprocesados son perjudiciales para la salud?

Los azúcares añadidos, un ingrediente poco saludable

El azúcar es uno de los principales ingredientes insanos que destacan en la bollería, refrescos, dulces y helados. Además, puede estar presente de forma oculta en multitud de platos precocinados y altamente procesados.

Como seguro ya sabrás, un contenido elevado en azúcares añadidos se relaciona con un incremento de las enfermedades metabólicas, como la obesidad, dolencias cardiovasculares y algunos tipos de cáncer, así como diabetes o caries.

Abuso de las harinas refinadas

Las harinas refinadas suelen ser otro de los ingredientes señalados como perjudiciales en los ultraprocesados. Esto se debe a que estas harinas retiran las partes más interesantes nutricionalmente del grano del cereal con el que están elaboradas.

Generalmente, si nos referimos al trigo, encontramos en el germen y el salvado la mayoría de nutrientes de interés: proteínas, vitaminas y minerales. Sin embargo, durante el proceso de refinado solo se utiliza el endospermo, dando lugar a una harina menos interesante nutricionalmente y rica en hidratos de carbono poco saludables.

Los aceites refinados tampoco son componente saludables 

Si hablamos de refinamiento, también podemos incluir los aceites altamente refinados como un componente insano de los ultraprocesados.

Al igual que pasa con las harinas, durante el proceso de refinado de los frutos que dan lugar a aceites se eliminan los componentes más interesantes, sobre todo se produce una pérdida de sustancias volátiles por el calor.

Exceso de sal

Por último, encontramos en el exceso de sal otro factor más por el que deberíamos minimizar el consumo de estos ultraprocesados.

Un exceso de sodio proveniente de la sal se relaciona con un incremento de enfermedades cardiovasculares y de algunos de sus marcadores, como la hipertensión y la aterosclerosis —o la obstrucción de nuestros vasos sanguíneos: venas y arterias, principalmente—.

También hay procesados que son saludables

Por último, también es importante destacar que entre los alimentos procesados, existen alternativas saludables que nos hacen la vida mucho más fácil: legumbres en conserva, ensaladas en bolsa, vegetales ultracongelados o en conserva, entre muchos más ejemplos.

Adicionalmente, existen alimentos que no son “ultraprocesados” porque no han sido demasiado procesados, pero que también son insanos. Es el caso de la miel [muchos azúcares sin fibra], el alcohol o el melocotón en almíbar, por poner algunos ejemplos.

Esto debe hacernos reflexionar sobre que el grado de procesamiento no lo es todo, y que también es importante que nos fijemos en la calidad de las materias primas, principalmente.

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¿El plátano engorda?

El plátano es una de las frutas más populares, y como tal levanta muchas dudas entre los consumidores. Y es normal, ya que tiene ganada buena fama gracias a su gran contenido en nutrientes de interés para la salud.

Sin embargo, también existen mitos y creencias contrarias acerca del plátano. Muchas personas se preguntan frecuentemente si el consumo frecuente de plátano hace que engordemos.

¿Qué es engordar?

Antes de nada debemos definir exactamente qué entendemos por “engordar”, ya que esta palabra muchas veces no queda del todo clara.

“Engordar” suele referirse al aumento de peso, pero no es una cuestión matemática exacta. En el aumento (y también pérdida) de peso influyen muchos factores interrelacionados: genéticos, ambientales y sociales, no solamente se trata de comida.

Por ello, atribuir a un solo alimento la capacidad de hacernos engordar no tiene mucho sentido. En este razonamiento tampoco estamos teniendo en cuenta el balance energético total, es decir, la diferencia entre las calorías que ingerimos y las que gastamos.

El plátano y su nutrientes

El plátano es un alimento rico en fibra dietética, y como tal cuenta con un gran poder saciante lo que nos ayuda a mantener a raya nuestro apetito.

Además, es rico en algunas vitaminas del grupo B y el potasio. Ambos elementos son indispensables para que nuestro organismo lleve a cabo con normalidad sus funciones metabólicas, así como para mantener una buena salud en general.

El azúcar contenido en las frutas no se considera como insano, ya que es un azúcar intrínseco. Por ello, aunque el plátano tenga azúcar no es un alimento perjudicial para la salud, al contrario de lo que dicen muchos mitos y falsas informaciones.

Un plátano y una manzana tienen las mismas calorías

Quizás esto te sorprenda muchísimo porque siempre nos hablan de la manzana como la fruta de las dietas de pérdida de peso. Si cogemos 100 g de plátano y 100 g de manzana, es cierto que la manzana tiene menos, pero nadie está en casa cortando fruta para llegar o no pasarse de 100 g.

Es mucho más acertado hablar de piezas, una pieza de plátano o una pieza de manzana. Un plátano pesa, sin cáscara, casi la mitad que la manzana, por lo tanto, la manzana pesa el doble. Así, si me como una manzana o un plátano, ingerimos alrededor de 100 calorías.

Conclusión: es una fruta saludable

Podemos confirmar que el plátano no engorda especialmente y que es un alimento saludable que tiene hueco en nuestra dieta habitual sin ningún tipo de problema.

Además, es una opción muy buena para consumir fruta fuera de casa, ya que su piel protectora hace que se conserve en buenísimas condiciones.

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No todo el chocolate negro es saludable

Seguro que tienes asociado el chocolate negro a un producto de buena calidad nutricional, sin embargo no siempre es así. La industria juega con las palabras. Según la ley, un chocolate negro con más del 45% de pasta de cacao puede llamarse “chocolate negro”. Y aquí viene la confusión, ya que un chocolate con este porcentaje puede tener hasta un 30% de azúcar, por lo tanto no sería saludable.

No debemos fijarnos en que ponga “chocolate negro” sino en el porcentaje que tenga, si no vemos el porcentaje en grande en el envase, seguramente esté rondando ese 45%.

La mayoría de chocolates comerciales son altísimos en azúcares añadidos, y este es su problema. El cacao no es perjudicial por sí mismo, de hecho contiene proporciones muy interesantes de polifenoles saludables. Si queremos consumir un chocolate de alta calidad nutricional, es interesante que lo consumamos a partir del 75% de cacao, aproximadamente.

El chocolate con leche nunca llega a ese 75% saludable, suelen tener una burrada de azúcar. El chocolate blanco, directamente no es chocolate, ya que no tiene pasta de cacao, es pura manteca de cacao, es decir, una mezcla de grasa de baja calidad con azúcar. Nada recomendable.

¿Si el chocolate negro por encima del 75% es tan saludable, por qué siempre recomiendan no superar uno o dos cuadraditos al día? Porque aunque tenga esa cantidad de cacao, la mayoría rondan el 10-15% de azúcar añadido, cuanto más porcentaje, menos azúcar. También el chocolate es rico en grasas saturadas. Por ello, con esa cantidad al día, aprovechamos todos sus beneficios [sobre todo antioxidantes y minerales], sin sus perjuicios. El 99%-100% no suelen llevar azúcar. 

En resumen y como conclusión: no hay definición legal de lo que es un chocolate negro, mientras que sí hay definiciones legales en la legislación española para el chocolate blanco o con leche. Por ello, si queremos comer chocolate saludables debemos buscar altos porcentajes de cacao en el envase, y no que el chocolate ponga «negro«, es marketing, y puede tener poco cacao y mucho azúcar.

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Alimentos que no aguantan bien la congelación

La congelación es un método fantástico para conservar alimentos, ya que nos permite almacenarlos en buenas condiciones durante períodos de tiempo bastante prolongados.

Esto es debido a que se produce el paso del agua interna de los alimentos de estado líquido a sólido, dificultando que los microorganismos patógenos y alterantes causen estragos y sigan reproduciéndose en los alimentos.

Por otro lado, el propio frío también ralentiza o paraliza algunos procesos bioquímicos de degradación propios de los alimentos que tienen lugar en ocasiones sin la acción de microorganismos concretos.

¿Qué alimentos no congelan bien?

Dicho esto, debemos saber que no todos los alimentos son idóneos para congelar. Algunos alimentos poseen ciertos ingredientes o compuestos que no quedan bien al congelar, y que pueden provocar el desarrollo de compuestos perjudiciales para la salud posteriormente.

Este es el caso de alimentos muy grasos, o platos preparados ricos en grasa. Por ejemplo, guisos a base de carne o mucho aceite, que al congelar no quedan demasiado bien. También sucede con las salsas, mayonesas, cremas, natillas, quesos y guisos grasos como decíamos, entre otros muchos ejemplos.

Las grasas contenidas dentro de estos alimentos se enrancian fácilmente con el frío, lo que provoca la aparición de sabores y aromas indeseables al descongelar. Por otro lado, una exposición prolongada en el tiempo a las reacciones de enranciamiento puede generar compuestos perjudiciales para la salud humana.

Qué hay del arroz y la pasta

El arroz y la pasta son casos especiales de alimentos ricos en hidratos de carbono que no es recomendable congelar.

De hecho, estos alimentos son bastante particulares en cuanto a su conservación y seguridad alimentaria, y esto es algo que poca gente sabe. Para empezar, al congelar y descongelar su textura queda muy desagradable, y el resultado no tiene nada que ver con los alimentos originales que hemos cocinado. Por ello, si podemos evitarlo es mejor no congelar estos alimentos por separado ni dentro de un plato cocinado.

Teniendo en cuenta que aguantan mucho tiempo en seco, sin cocinar, lo mejor es planificar bien las cantidades que vayamos a comer, y como mucho guardar en refrigeración durante 24 horas las sobras.

Esta recomendación parece un tanto exagerada, pero nada más lejos de la realidad. El arroz y la pasta (recordemos, elaborada a partir de cereales generalmente como el trigo) son susceptibles de contener esporas de microorganismos que resisten muy bien al calor y que no quedan totalmente inactivadas con la cocción. Por ello, se consideran alimentos muy sensibles microbiológicamente y que no debemos almacenar muchos días en la nevera aunque estén cocinados, por ello en el congelador tampoco.

¿Y la patata?

Pues hay que romper un gran mito, la patata que ya se ha cocinado no se pone mala, ni es tóxica si la congelamos. Lo que ocurre es que su fécula se deshace al congelarlas y al descongelar pierde textura, se deshace y gran parte de su sabor desaparece, pero no es peligroso congelarla, aunque no sea muy apetecible comerla por ese cambio de textura.

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La estrecha relación entre la vitamina D y la masa muscular

Ya he hablado en varias ocasiones de las importantes funciones que cumple la vitamina D en nuestro organismo, sobre todo ligadas al sistema inmunitario y la absorción de calcio. Como sabrás, la vitamina D influye notablemente en el calcio que absorbe nuestro organismo, cobrando una especial importancia en la prevención de problemas de salud como la osteomalacia o pérdida de masa ósea y la osteoporosis, que aumenta el riesgo de sufrir fracturas en nuestros huesos.

Sin embargo, pocas personas saben que la vitamina D también cumple con un importante papel a nivel muscular. Si no tenemos suficiente vitamina D es probable que el mantenimiento de nuestra masa muscular se vea mermado, sobre todo con el paso de los años donde tiende a disminuir de forma natural.

La disminución de vitamina D

No solo la masa muscular disminuye con el paso de los años, sino que los niveles de vitamina D en el organismo también lo hacen. Esto, ligado a la debilidad de huesos por el déficit de calcio, hace que tengamos que vigilar todavía más si cabe las proporciones de estos micronutrientes tan críticos en la edad anciana.

Como es habitual, la función física del cuerpo humano también disminuye con la vejez, sobre todo la función muscular. Esto se traduce habitualmente en problemas de sarcopenia, que significa una pérdida general de masa muscular y fuerza por el avance de la edad y también el sedentarismo. Además, algunos estudios han vinculado el déficit de vitamina D con estos síntomas.

Resulta que el tejido muscular podría contar con receptores específicos de vitamina D, siendo esta una de las posibles explicaciones a la relación que existe entre la vitamina D y el metabolismo muscular, donde se produce una menor presencia de la vitamina a medida que envejecemos.

Por qué la vitamina D es vital para nuestros músculos

Varios estudios científicos a lo largo de los años han demostrado que la suplementación de vitamina D es útil para mejorar la calidad muscular, concretamente en la función del músculo esquelético.

Además, la vitamina D suplementada también ha mostrado mejoras en la morfología de los músculos y sus fibras musculares, lo que indica que la vitamina D actúa específicamente sobre el músculo esquelético.

Por si fuera poco, la suplementación con vitamina D en los deportistas y atletas sanos ha mostrado también una mejora de la masa y fuerza muscular.

Todas estas evidencias parecen más que suficientes para concluir que la presencia de la vitamina D resulta crucial en nuestro organismo, y concretamente en los músculos. Esto cobra vital importancia en la edad anciana, donde tanto los niveles de vitamina D como la masa muscular en general se ven mermados.

La función mitocondrial

Muchos estudios científicos arrojan conclusiones claras: la vitamina D activa la síntesis de proteínas y aumenta el consumo de oxígeno en las mitocondrias de nuestras células, mejorando su síntesis en las células del músculo esquelético humano.

De esta forma sabemos que la actividad de la vitamina D sirve para regular cómo funcionan nuestras mitocondrias en las células del músculo, influyendo con mucha probabilidad en el desarrollo de la fuerza muscular.

En definitiva, los estudios muestran claramente que la vitamina D interviene en la proliferación y diferenciación muscular, así como el metabolismo de nuestras células, y concretamente en la actividad de las mitocondrias. Adicionalmente, se cree que la vitamina D suplementada en ancianos puede mejorar su rendimiento muscular así como el equilibrio, reduciendo el riesgo de caídas en este grupo de la población.

Es importante consumir suficiente vitamina D

Conociendo toda esta información acerca de la vitamina D y nuestros músculos contamos con más pruebas todavía acerca de la importancia de consumir una cantidad suficiente de esta vitamina en nuestro día a día.

Si no nos exponemos al Sol cada día 10-15 minutos, en cara y brazos, debemos contar con la suplementación de vitamina D como un aliado ideal para permanecer en un buen estado de salud, tanto a nivel inmunitario como de nuestros huesos y músculos.

Como decía, la población anciana es especialmente sensible a estos déficits [presente en el 80% de la población mundial. En España se cifra en el 40-65%], por lo que no debemos descartar la suplementación nutricional como una alternativa cómoda para que consigan alcanzar sus ingestas diarias recomendadas de nutrientes, tanto vitamina D como proteínas o incluso calcio.

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Alto en proteínas: ¿qué significa?

Las proteínas son uno de los macronutrientes que más interesa a los consumidores. Y es normal, ya que su consumo a través de los alimentos se asocia tradicionalmente a una mejor salud y beneficios protectores.

Esto realmente es así, las proteínas tienen un alto poder saciante y tienen múltiples funciones en el cuerpo humano, como por ejemplo regular el funcionamiento de ciertas reacciones bioquímicas y químicas en el organismo.

Las proteínas también tienen funciones estructurales y nos ayudan a mantener en correcto estado y dar forma a nuestros tejidos, como la piel, uñas, y también tienen una función de movimiento a través de los propios músculos, entre muchas otras utilidades.

¿Es una mención regulada legalmente?

Las funciones de las proteínas están claras, ¿pero qué hay del etiquetado de ciertos alimentos? ¿Aquellos que destacan bien grande un “alto en proteínas” son necesariamente más saludables? ¿Cómo se controla esto?

La mención “alto en proteínas” está regulada por la legislación europea en materia de declaraciones nutricionales y de salud en relación a los alimentos, concretamente mediante el “Reglamento UE 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos”.

En esta legislación se nos indica que para poder utilizar la mención “alto en proteínas” o alguna que tenga el mismo significado: “las proteínas deben aportar aportan como mínimo el 20% del valor energético del alimento”.

Esto no quiere decir que el 20% de todo el alimento deba corresponder a las proteínas. El tema es ligeramente más complicado, aunque tampoco tanto. Realmente, deberíamos calcular el total de calorías que nos aportan los gramos concretos de proteína que tiene el producto alimenticio en cuestión según su etiquetado.

¿Y cómo se calcula esto? Pues haciendo una sencilla operación, multiplicando los gramos de proteínas que aparecen en la tabla de información nutricional por 4, ya que son 4 Kcal las que aportan cada gramo de proteína. Esta cifra es igual para los hidratos de carbono (4 Kcal), pero diferente para las grasas. Las grasas aportan 9 Kcal por cada gramo, siendo el macronutriente más calórico.

No hace falta complicarnos tanto la vida

Realmente no hace falta que vayamos tan al detalle ni elaborar cálculos complejos. Como siempre, lo importante para averiguar si un alimento es saludable será revisar su listado de ingredientes y valorar el alimento en su conjunto.

Y si vemos una mención “alto en proteínas”ya sabemos que realmente sí aporta información interesante, no como otros reclamos. Después debemos asegurarnos de que el producto no contenga ingredientes añadidos de mala calidad nutricional, como por ejemplo un exceso de azúcares o edulcorantes que suelen tener los postres lácteos “altos en proteínas” que tan de moda están actualmente.

Recuerda que la falta de proteínas no es un problema en nuestra sociedad, según los últimos informes, en Europa se duplican las cantidades recomendadas y en algunos países hasta se triplican. Tenemos proteínas en prácticamente el 100% de los alimentos.

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La relación entre la vitamina D y el cáncer

El cáncer engloba un número amplio de enfermedades asociado al crecimiento descontrolado de nuestras células. En los últimos años se han incrementado considerablemente el número de estudios científicos que están destinados a descubrir más sobre los procesos que intervienen en el desarrollo de los distintos tipos de cáncer.

También, por supuesto, se investiga cada vez más acerca de aquellos compuestos, nutrientes, vitaminas y minerales que pueden suponer una mejora o prevención en el desarrollo del cáncer.

Este es el caso de la vitamina D, una de las vitaminas liposolubles que nuestro cuerpo necesita obtener de forma obligatoria mediante la dieta, exposición solar o la suplementación. Pero, ¿qué relación tiene el consumo de vitamina D con el cáncer?

Cuál es la función de la vitamina D

La función principal de la vitamina D en nuestro organismo es ayudarnos a usar adecuadamente el calcio y el fósforo para que nuestros huesos y dientes crezcan fuertes.

Como decíamos previamente, podemos obtener vitamina D a través de algunos alimentos, la exposición a los rayos del sol y también la suplementación vitamínica. En este sentido, la suplementación de vitamina D se presenta como una solución eficaz para prevenir la debilidad de los huesos que puede desencadenar en raquitismo infantil, en los peores casos, y osteomalacia o pérdida de masa ósea en los adultos, así como osteoporosis.

¿Por qué se estudia la relación del cáncer con la vitamina D?

Todo empezó por algunas investigaciones epidemiológicas que mostraron índices de mortalidad por algunos cánceres más bajos en los individuos que vivían en zonas con mayor exposición solar frente a otras personas que vivían en regiones con menor luz solar.

Y esto tiene sentido, ya que la exposición a los rayos ultravioleta de la luz solar conduce a la producción de vitamina D. Por ello, los investigadores formularon la hipótesis de que estas diferencias podrían deberse a la variación en las concentraciones de vitamina D.

Otras pruebas experimentales también han sugerido una posible asociación entre la vitamina D y el riesgo de cáncer. De hecho, algunos estudios relacionados con el crecimiento celular y el desarrollo de tumores han mostrado que la presencia de vitamina D hace más lenta o impide la formación del cáncer en algunos casos. Además, la presencia de vitamina D también se vincula con una disminución del crecimiento de células cancerosas, la estimulación de la muerte celular y la reducción en la formación de los vasos sanguíneos ligados a los tumores.

En relación a este asunto, los cánceres para los que hay más datos humanos disponibles vinculados con la vitamina D son el cáncer colorrectal, el de mama, de próstata y de páncreas. Por ejemplo, múltiples estudios epidemiológicos han mostrado que el consumo o las concentraciones más altas de vitamina D están asociados con un riesgo menor de cáncer colorrectal. 

Está claro que necesitamos vitamina D para estar saludables, y que es una vitamina indispensable en el organismo humano. Además, cada vez tenemos una certeza mayor acerca de su potencial saludable. Por ello, es importante que consumamos las cantidades suficientes de esta vitamina. En la dieta puede ser complicado por el número limitado de alimentos que la poseen, así que la suplementación se convierte en una opción ideal para cumplir con las necesidades de esta vitamina.

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Mermelada y confitura: diferencias

Las mermeladas y confituras son productos procesados a partir de frutas que no poseen un perfil saludable, ya que las cantidades de azúcares añadidos que poseen son enormes.

En un primer vistazo es probable que no seamos capaces de distinguirlas. Sin embargo, resulta interesante cuáles son sus diferencias, ya que no es lo mismo una mermelada que una confitura. ¿Sabes distinguir ambos productos antes de echarlos a la cesta de la compra?

Qué es una mermelada

Si hablamos de mermelada, nos estamos refiriendo a una elaboración en la que se cuece la  fruta entera, troceada o triturada y posteriormente se incorpora el azúcar hasta conseguir una textura espesa.

De esta forma, la mermelada debe tener al menos un 30% de la fruta a partir de la cual se elabora, y una proporción de azúcares que puede variar entre el 40-59% de la composición total del producto.

¿Y la confitura?

Por otro lado, la confitura a diferencia de la mermelada es el resultado de la cocción con azúcar del puré o la pulpa de uno o varios tipos de fruta. Es decir, no incluye a la fruta entera a partir de la cual se elabora dicha confitura.

Para elaborar una confitura, esta debe contener al menos un 35% de fruta en el producto final acabado y sus azúcares deben tener una proporción mayor al 60%. Es decir, una cantidad mayor que la que posee la mermelada por legislación.

En este sentido, podemos afirmar que la confitura es menos saludable que la mermelada a pesar de contener un 5% más de fruta. Esto no hace que la mermelada sea una opción sana ni mucho menos, ya que la cantidad de azúcar que contiene sigue siendo elevadísima.

La legislación marca la diferencia

Según la legislación española estas son las diferencias entre ambos productos, pero eso no quiere decir que alguna de las dos opciones sea válida para consumir fruta de forma saludable.

La mejor forma de consumir fruta será siempre comer la pieza entera tal cual, o bien en trozos, pero intentando modificar lo menos posible la matriz del alimento en cuestión.

De esta forma los azúcares de la fruta seguirán siendo saludables gracias al conjunto de fibras y otros ingredientes saludables que encontramos en la fruta.

Además, la propia masticación al comer fruta entera nos aporta saciedad y contribuye a que asimilemos mucho mejor los nutrientes de la fruta: vitaminas, minerales, fibra y azúcares intrínsecos saludables.

¿Hay mermelada saludable? 

Podríamos pensar que las mermeladas cero azúcares serían las saludables, pero están hasta arriba de edulcorantes. Como ya hemos visto en otras ocasiones, los edulcorantes no son mejores que el azúcar, porque perpetúan el paladar dulce y además afectan a nuestra microbiota, a nuestra flora intestinal.

La única solución, aunque no sería mermelada, sería machacar nosotros la fruta y ponerla en el pan, sin añadir azúcar. Al no tener azúcar, la tendríamos que hacer al momento, ya que si la guardamos no nos duraría mucho tiempo.

Estaría bien cambiar la mermelada por hummus, guacamole, aguacate, crema de cacahuete, tomate y aceite de oliva, etc.

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Diferencia entre hinchazón e inflamación

Muchas veces existen situaciones de malestar abdominal cuyo origen es difícil de comprender para la mayoría de personas.

De ello derivan problemas abdominales que suelen venir acompañados de gases, malestar abdominal y cierta distensión de esta parte del cuerpo. No siempre se produce tras la ingestión inmediata de alimentos, sino que puede ser un problema crónico que nos afecte durante gran parte del día.

Aquí es donde podemos diferenciar entre inflamación e hinchazón, dos procesos físicos relacionados con el bienestar abdominal pero que normalmente se confunden entre sí por presentar una sintomatología muy similar.

La hinchazón suele ser un problema puntual y totalmente normal derivado de las comidas abundantes y del consumo de ciertos alimentos ricos en fibras y otros compuestos difícilmente digeribles de los alimentos, de ahí que suelan estar vinculados a la generación de gases y flatulencias.

Sin embargo, la inflamación puede tener causas detrás mucho más complejas y variadas, y su explicación suele ser más silenciosa. De hecho, el sistema inmunitario tiene mucho que ver, ya que podría estar interviniendo en estas reacciones de inflamación. La inflamación se define como un mecanismo de defensa de nuestro organismo ante ciertos compuestos que o bien no son digeribles o por otro lado nuestro aparato digestivo no es capaz de asimilar correctamente.

Es el caso de aquellas personas que padecen celiaquía, por ejemplo, existe un problema para asimilar el gluten que está mediado por el sistema inmune y que se caracteriza por una inflamación crónica del aparato digestivo en ciertas personas sensibles ante la presencia de las proteínas del gluten en la dieta.

Por ello, realmente hay una gran diferencia entre hinchazón e inflamación del abdomen, siendo la primera una sensación de estar inflado, pesado o lleno y que puede acompañarse o no de distensión abdominal (es decir, del agrandamiento del estómago habitual tras una comida). La hinchazón puede ocurrir en cualquier momento del día, sin embargo, se incrementa cuando comemos ciertos tipos de alimentos o en una gran cantidad, que puede provocar muchas molestias. Esto hace que el motivo de la hinchazón sea la presencia del gas.

Por otra parte, la inflamación es un concepto diferente asociado a una intolerancia ante ciertos alimentos y también relacionado con otro tipo de enfermedades como la celiaquía que mencionábamos antes o el colon irritable, por ejemplo. En cualquier caso, lo más importante es acudir a un especialista médico adecuado que nos ayude a obtener un buen diagnóstico para mantener a raya los posibles perjuicios de este problema.

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