¿Debe preocuparnos el azúcar de la fruta?

Seguro que alguna vez te has preguntado si el azúcar de las frutas es problemático para la salud. Y es lógico, ya que el azúcar es un ingrediente que últimamente se viene asociando con diversos problemas hacia la salud humana según las evidencias científicas actuales.

Antes de explicarte por qué no debes preocuparte por el azúcar de las frutas, es importante que hagamos un pequeño repaso a los distintos términos que engloban la definición de azúcar.

¿Qué es el azúcar?

La palabra “azúcar” puede tener diferentes significados en el mundo de la alimentación. En general, los azúcares son un conjunto de nutrientes que se catalogan dentro del grupo de los hidratos de carbono. En ocasiones también se denomina erróneamente como azúcares a estos últimos, pero realmente su término correcto sería “glúcidos”.

Concretamente, los azúcares serían aquellos monosacáridos y disacáridos que encontramos en multitud de alimentos y que poseen propiedades endulzantes, como por ejemplo la glucosa, fructosa, lactosa o sacarosa. Precisamente este último compuesto, la sacarosa, es aquel que todos identificamos como “azúcar de mesa”, el clásico polvo granulado de color blanquecino.

Estructuralmente, la sacarosa es un disacárido compuesto por una molécula de glucosa y otra de fructosa. Es el típico “azúcar añadido” que todos identificamos rápidamente en el etiquetado de los productos procesados por ser un elemento a evitar en la medida de lo posible.

¿Qué son los azúcares libres?

Llegados a este punto, todos entendemos más o menos qué son los azúcares añadidos. ¿Pero cuál es el significado de los azúcares libres?

Los azúcares libres son aquellos azúcares que han sido extraídos de la matriz del alimento que los contiene. Por ejemplo, el zumo de las frutas sería un caso habitual de bebida rica en azúcares libres al perder la fibra y otros compuestos saludables de la fruta.

En este sentido, la propia OMS (Organización Mundial de la Salud) aconseja limitar el consumo de azúcares libres a 25 gramos diarios para minimizar la incidencia de determinadas enfermedades metabólicas como diabetes u obesidad, y también caries.

El azúcar de las frutas

La fructosa es el azúcar presente en todas las frutas, de ahí su nombre. En este sentido, no debemos tener miedo de consumir fruta por su contenido en azúcares ya que se trata de un azúcar intrínseco que consumimos junto al resto de componentes saludables de la fruta.

Por ello, el azúcar intrínseco de las frutas se considera saludable. La propia fibra dietética sirve para amortiguar el efecto del azúcar de las frutas en nuestra sangre, minimizando los picos de glucosa asociados al consumo de azúcar y que pueden intervenir en ciertos problemas metabólicos.

Almidón: ¿es saludable, en qué alimentos se encuentra?

En infinidad de ocasiones hemos escuchado que el almidón es una sustancia que muchos alimentos contienen. Desde siempre se ha asociado a alimentos como las patatas, los cereales o el arroz ¿Pero sabemos para qué sirve? ¿Es saludable?

Antes de nada debemos saber que el almidón es un polisacárido vegetal, muy rápido de asimilar y cuya función principal es la de aportar energía para que nuestro organismo pueda funcionar en el día a día. Es un compuesto de reserva en los vegetales, y como tal se encarga de otorgar energía a estos organismos.

¿Qué es el almidón?

El almidón está formado por muchas unidades de glucosa juntas entre sí, que son el principal combustible de nuestro organismo. Estas moléculas de glucosa están agrupadas a su vez en otros elementos más complejos como la amilosa y amilopectina, largas cadenas de glucosas ramificadas que conforman el almidón.

Por otro lado, en algunos productos procesados el almidón es añadido para cumplir con una función de relleno. En este sentido, se convierte en un elemento a evitar porque únicamente sirve para maquillar productos de escaso valor nutricional, la mayoría ultraprocesados como fiambres, cremas ricas en aceites insanos y algunos platos preparados altos en azúcar y sal.

Sin embargo, si nos centramos en el almidón natural que encontramos en alimentos como el arroz, pasta, o la patata, este se convierte en un recurso importante, sobre todo para la práctica deportiva. Todo depende del contexto donde lo encontremos.

Debemos adaptar nuestros hidratos según el deporte

Bien es cierto que si nuestra actividad física es moderada, no hace falta recurrir constantemente a alimentos ricos en almidón, pues no quemaremos toda esa energía. Por lo general, debemos contemplar nuestras fuentes energéticas de una forma más global. Es decir, pensar en alimentos y no tanto en nutrientes aislados.

En este sentido, una dieta rica y variada en legumbres, frutos secos, pastas y pan integrales, verduras, hortalizas y frutas nos otorgará fuentes energéticas muy interesantes que también sumarán cantidades importantes de vitaminas y minerales a nuestro organismo.

En general, se recomienda que la ingesta de hidratos de carbono en la dieta esté adaptada según nuestra práctica deportiva. Por ello, las personas que practican deporte muy frecuentemente y a un nivel alto pueden permitirse una ingesta de hidratos de carbono mayor que otras personas más sedentarias. De hecho, es interesante que así lo hagan para lograr energía de forma sencilla y repartida a lo largo del día gracias a los carbohidratos complejos que se absorben lentamente.

Conclusión: el almidón que encontramos de forma natural en los alimentos no es un problema, todo lo contrario, será una buen fuente de energía

¿Sirve el melón para adelgazar?

El melón es una fruta muy popular, sobre todo con la llegada del calor.

Es lógico, ya que la temporada del melón en España tiene lugar predominantemente durante los meses de verano, es decir, entre los meses de junio y septiembre.

Por ello su consumo aumenta durante los mencionados meses, aunque arrastra tras de sí muchos mitos nutricionales.

El melón es una fruta saludable

El melón es rico en agua, vitamina C, magnesio, potasio, magnesio y vitamina A. También destaca por su contenido en fibra dietética, compuesto asociado con múltiples beneficios para la salud en relación al tránsito intestinal y una mejor absorción de nutrientes.

Cuidado con las dietas con “nombres y apellidos”

Como sucede con muchos alimentos, existe la creencia de que podemos adelgazar consumiendo solamente un tipo de alimento, como puede ser el caso del melón.

Esta práctica consiste en ingerir el mismo alimento de forma exclusiva durante varios días o semanas para conseguir un supuesto efecto adelgazante. Por supuesto, el melón no se escapa de esta trampa nutricional y cuenta con su propia dieta anunciada en diversos lugares de la red.

Pero, ¿sirven este tipo de prácticas para adelgazar realmente? Probablemente sí, ya que si consumimos alimentos bajos en calorías en cantidades pequeñas, como sucede con el melón, nuestro balance energético será negativo y acabaremos perdiendo peso. Esto significa que estaremos consumiendo menos calorías de las que gastamos.

Como podrás imaginar, esta pérdida de peso agresiva es peligrosa para la salud y está totalmente desaconsejada. Implica un riesgo enorme, ya que podemos sufrir enfermedades asociadas a déficits nutricionales que pongan en riesgo nuestra salud.

También debemos contar con el“efecto rebote”, responsable de que recuperemos todo el peso perdido durante este periodo de restricción alimentaria. También puede suceder que ganemos peso posteriormente.

Huye de dietas milagrosas

Ningún alimento contiene todos los nutrientes esenciales que nuestro cuerpo necesita, aunque sea una fruta saludable como el melón.

Por ello, debemos huir de dietas restrictivas que suponen un peligro para la salud. Esto aplica tanto para la “dieta del melón” como para cualquier otro protocolo dietético basado en un alimento en exclusividad.

Nuestra alimentación debe estar basada en el consumo de alimentos saludables y variados como frutas, verduras, granos integrales, hortalizas, legumbres, así como frutos secos.

El consumo de melón es sano y recomendable, por supuesto. Eso sí, nunca deberíamos pensar que tiene propiedades adelgazantes o que es un alimento mágico. El melón es una opción saludable más de entre todas las que hay para incluir en nuestra dieta saludable.

¿La sandía sin pepitas es transgénica?

Seguro que has oído hablar mucho sobre el origen de la sandía sin semillas. Y es normal, ya que este alimento lleva varios años presente en nuestros mercados de forma importante.

Esta variedad ofrece todo lo bueno de la sandía convencional: frescura y sabor dulce refrescante. Sin embargo, nos evita esas molestas pepitas o semillas que solemos desechar al masticar esta jugosa fruta.

Para arrojar algo de luz en el asunto, en este artículo os doy la respuesta al origen de esta fruta tan curiosa a la par que práctica.

¿Qué es un transgénico?

Antes de nada, debemos saber que un transgénico es un organismo genéticamente modificado que posee genes provenientes de otra especie diferente. En este sentido, se diferencia entre transgénico y organismo genéticamente modificado (OGM).

Un OGM ha sido alterado mediante ingeniería genética, pero no tiene por qué contener genes de una especie distinta. En muchos OGM se busca sencillamente eliminar o “cortar” un gen determinado para desactivar cierta característica indeseable de ese organismo.

Ni transgénicos ni OGM

Una vez aclarados estos términos, debemos saber que las sandías sin semillas ni son organismos genéticamente modificados ni son transgénicos. ¿Qué son entonces?

El origen real de las sandías sin semillas se debe a la propia selección agrícola de variedades vegetales de interés que los seres humanos hemos ido realizando a lo largo de los años. Aprovechando las mutaciones naturales de las plantas hemos cruzado aquellos ejemplares cuyas características más nos interesan.

Estas prácticas de hibridación y cruzamientos llevan realizándose miles de años, desde los inicios de la agricultura. Por ello tenemos actualmente tomates más turgentes, zanahorias naranjas, y otras muchas características que reconocemos en cualquier vegetal actual. En antaño su aspecto era bastante diferente.

El origen real de la sandía sin semillas

Sin embargo, en el caso concreto de la sandía sin semillas su origen es algo más reciente. De hecho, la sandía sin semillas fue desarrollada en Japón allá por el año 1939 y lleva siendo comercializada en otros países desde hace varias décadas.

Concretamente, la sandía sin semillas se obtiene mediante hibridación cruzando dos plantas cuyo juego de cromosomas es incompatible. Este proceso da lugar a una sandía estéril incapaz de producir semillas maduras.

Pero no te preocupes por esto, la sandía sin semillas es completamente segura y saludable. Contiene todas las vitaminas y minerales de su versión convencional por lo que podemos seguir disfrutando de ella sin problemas.

B12, ¿mejor un suplemento diario de 100 mcg o uno semanal de 2000 mcg?

Si somos veganos o vegetarianos no nos queda más remedio que la suplementación de vitamina B12, no existe ningún alimento vegetal con esta vitamina aprovechable por el ser humano.

A pesar de ser una vitamina tremendamente importante, nuestro organismo necesita muy poquitas cantidades, alrededor de 2,5-3,5 microgramos al día en adultos, algo menos en niños.

En el mercado encontramos suplementos de B12 en unas cantidades exageradas de 1.000 y hasta 2.000 microgramos, a la industria de la suplementación, le sigue pareciendo que cuando más mejor, ya que el cliente paga, que se lleve mucho, cuando a nuestro organismo esto no le gusta ni un pelo, porque tendrá que trabajar más para eliminar el exceso.

¿Entonces que suplemento escojo?

Con un suplemento de 100 mcg por día sería más que suficiente, mejor un consumo diario que semanal de una mayor cantidad, el organismo busca el equilibrio de todos los nutrientes, por ello es mejor ese aporte diario, que una enorme cantidad una vez por semana.

Si solamente necesitamos 2,5 mgc, ¿por qué tomar 100 mcg?

Básicamente por la pérdida en el proceso digestivo, pasa con cualquier nutriente, sea a través de alimentos o a través de suplementos. De 2,5 a 100 no hay tanta diferencia, pero imagina de 2,5 a 2000 mcg.

Teniendo toda esta información es como diseñe mi suplemento de vitamina B12+D3, además de estar fabricada en un laboratorio pequeño, sin grandes farmacéuticas, con materias primas cercanas y 100% vegetal.

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¿Los dátiles para endulzar son saludables?

Los dátiles son el fruto de moda entre los amantes de la alimentación saludable. Gracias a su extendido uso en la repostería casera nos permiten disfrutar de dulces con un perfil más saludable sin renunciar al sabor dulce.

Sin embargo, a veces nos confiamos con estas materias primas saludables y podemos acabar consumiendo más de la cuenta ya que pensamos que lo que estamos comiendo es sano y que no pasa absolutamente nada.

Qué es el azúcar libre

Antes de profundizar en este tema, debemos hacer un repaso a algunos conceptos básicos. Los azúcares libres son aquellos que han sido extraídos de la matriz del alimento, como por ejemplo pasa en un zumo de frutas. Esto se relaciona mediante la evidencia científica con diversos problemas de salud como obesidad, diabetes o caries. La OMS los define así, y recomienda que no consumamos más de 25 gramos al día de azúcares libres.

Por otro lado, la definición de azúcares libres incluye a su vez a los azúcares añadidos. Los azúcares añadidos son aquellos que, como su propio nombre indica, se añaden de forma externa a los alimentos. Esto sucede con la sacarosa o azúcar de mesa de toda la vida, la que echamos al café.

Por último tenemos los azúcares intrínsecos, que son saludables. Por ejemplo, los que tiene la fruta en su interior mezclada con fibra, pectinas y otros componentes saludables que amortiguan el impacto del azúcar en sangre.

¿Los dátiles tienen azúcares libres o intrínsecos?

Esta es la pregunta del millón. Debemos saber que no hay consenso sobre si la pasta o puré de frutas (como serían los dátiles machacados) se considera como azúcares libres o intrínsecos. Aquí el debate está servido.

Para la OMS (Organización Mundial de la Salud) la pasta de dátiles contarían como azúcares intrínsecos por lo que serían totalmente saludables.

¿Entonces son más sanos?

Sí, un dulce elaborado con pasta de dátiles será más saludable que uno elaborado con azúcar blanco. Pero si perdemos la noción de lo que nos estamos comiendo, corremos el riesgo de que su consumo deje de ser saludable.

Al final estamos elaborando dulces, productos que deberían ser de consumo ocasional. Si basamos nuestra dieta en ellos, por muchos dátiles que contengan, estaremos consumiendo en exceso productos hiperpalatables y estaremos desplazando otros alimentos más interesantes de nuestra alimentación.

Pasta y no sirope de dátiles

Estamos hablando todo el tiempo de trituras los dátiles en la batidora o picadora, en casa, no estamos hablando del sirope de dátiles que venden, ya que a este el han quitado la fibra y, por lo tanto, serían azúcares libres, nada recomendables. Igual que cualquier sirope.

8 alimentos ideales para el verano

Durante la época veraniega es crucial vigilar nuestro consumo de agua para mantener un correcto estado de hidratación.

Muchas veces olvidamos que los alimentos también constituyen una importante fuente de agua, por lo que merece la pena destacar su valor y aprender a introducir aquellos más adecuados de forma frecuente en nuestra rutina dietética.

Generalmente, los alimentos que mayor contenido en agua poseen son las frutas y las verduras. Junto a su elevado contenido en vitaminas y minerales, se convierten en alimentos ideales para ayudarnos a mantener una hidratación adecuada y un inmejorable estado de salud.

A continuación te enumeramos algunos de los alimentos que mayor concentración de agua poseen para que puedas incluirlos de forma habitual dentro de tu alimentación veraniega:

Pepino: es conocido por su poder refrescante y su amplia utilidad en la cocina, tanto en crudo como cocinado. Destaca por su contenido en potasio, calcio y fósforo, así como vitamina C y vitamina B9.

Espárragos: destaca ampliamente por su alto contenido en agua y en fibra. Además, aporta cantidades interesantes de sodio, potasio, vitamina A y vitamina B9.

Fresa: es una de las frutas más populares, tanto por su llamativo color rojo como por su sabor característico ampliamente utilizado en cocina. La fresa es uno de los alimentos con mayor contenido en agua, y también contiene elevadas cantidades de vitamina C y potasio.

Melón: una de las frutas veraniegas por excelencia y de las que popularmente se dice que contiene una mayor proporción de agua junto a la sandía, aunque realmente sus niveles son muy similares a los de otras frutas. Destaca sobre todo por su contenido en potasio y vitamina C.

Champiñón: a pesar de que no es una fruta ni una verdura, sino un hongo, el champiñón también ocupa uno de los puestos privilegiados en lo que a contenido acuoso elevado se refiere. En este caso, el champiñón destaca por su buen contenido en potasio y fósforo, así como vitamina B3.

Calabacín: otro clásico en lo que a cantidad de agua se refiere, teniendo una amplia cabida en todo tipo de guisos, parrilladas saludables y preparaciones de cualquier tipo. El calabacín tiene interesantes proporciones de calcio, magnesio y vitamina C.

Tomate: una de las frutas estrella dentro del amplio abanico que nos ofrece la naturaleza. A pesar de considerarse una hortaliza, el tomate realmente es una fruta que destaca por su contenido en vitamina A, vitamina C, potasio, sodio y magnesio.

Alimentos crudos: peligros reales

Las intoxicaciones alimentarias surgen en muchas ocasiones de incorrectas manipulaciones de los alimentos en casa. Por ejemplo, por no lavarnos las manos tras ir al aseo o por mezclar alimentos cocinados con otros crudos.

Y es que los alimentos crudos, sobre todo los de origen animal, están implicados en multitud de intoxicaciones alimentarias derivadas de un mal uso en casa. No solo es cosa de bares y restaurantes.

Los patógenos se encuentran de forma natural

Muchos alimentos cuentan en su interior de forma natural con microorganismos patógenos, que son aquellos capaces de causar intoxicaciones alimentarias. Por ejemplo, el pollo crudo es un portador natural de Campylobacter, y está considerado por la OMS como uno de los agentes patógenos que más enfermedades gastrointestinales provoca en todo el mundo.

Por otro lado, tenemos el ejemplo clásico del huevo y Salmonella, un patógeno que se encuentra principalmente en la cáscara del huevo y que viene del tracto digestivo de la gallina.

En el pescado también tenemos algunos patógenos importantes, como es el caso del anisakis. En este caso no estamos ante un ser microscópico, ya que el anisakis está catalogado como un parásito y es visible a simple vista.

Por todo esto es muy importante cocinar los alimentos de forma adecuada y suficiente, para así garantizar la eliminación de todos estos patógenos. Si queremos consumir algunos de ellos en su versión cruda dentro de preparaciones como sushi, tartar o poke, es importante que respetemos ciertas precauciones en la manipulación.

Nunca hay que comer pollo crudo

En el caso del pescado, hay que congelarlo durante 5 días a -20ºC en casa para destruir el anisakis. Sin embargo este es un caso especial, ya que los microorganismos patógenos como Salmonella o Campylobacter no se destruyen con el frío.

Para el huevo, podemos optar por productos ya pasteurizados como la famosa “huevina” que encontramos en supermercado, pero para el pollo no hay solución posible por lo que nunca debería tomarse crudo.

En este sentido debemos tener cuidado con los marinados, ya que pueden darnos una falsa sensación de cocinado porque modifican el aspecto de los alimentos. En ningún caso eliminan el riesgo microbiano, ya que no implican el uso de un tratamiento térmico.

Ojo con los vegetales

Los alimentos de origen animal son los que mayormente están implicados en estos problemas microbianos, pero no debemos confiarnos con los vegetales.

Debemos tener en cuenta que al provenir de la tierra, la mayor parte de los vegetales también están en contacto directo con multitud de patógenos.

Algunas cepas patógenas de Escherichia coli y Staphylococcus aureus están habitualmente implicadas en brotes e intoxicaciones alimentarias derivadas de una mala higiene en vegetales.

Por ello es muy importante no solo lavar bajo el grifo, sino que también desinfectar los vegetales que vayamos a consumir crudos y con piel. De esta forma estaremos reduciendo el riesgo de padecer una intoxicación alimentaria.

Alimentos ecológicos: ¿son más saludables?

Cada vez los alimentos “BIO” o ecológicos están más de moda en los estantes del supermercado. La tendencia de consumo en otros países europeos como Alemania o Francia está afectando también progresivamente a España, donde la preocupación por la sostenibilidad y el bienestar animal son cada vez mayores.

Sin embargo, lo cierto es que el sello ecológico suele confundir en ocasiones, ya que pensamos inmediatamente que el producto que lo contiene es más saludable por definición. Y no tiene por qué ser así realmente. 

¿Cómo se regula lo ecológico o “BIO”?

Los alimentos etiquetados como ecológicos o «BIO» (ambos significan lo mismo) en la Unión Europea están regulados por una certificación y legislación especial que no todos los alimentos llegan a cumplir.

Para ello, es necesario contar con el conocido sello ecológico que aparece en el envase del producto en cuestión, y que depende directamente del Reglamento 834/2007 del Consejo de la Unión Europea sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos, cuya entrada en vigor fue el 28 de junio de 2007.

Esta legislación destaca los siguientes puntos:

Deberá existir una rotación de cultivos para un uso eficiente de los recursos.

Se prohíbe el uso de pesticidas químicos y fertilizantes sintéticos.

Se prohíbe el uso de organismos genéticamente modificados (OGM), grupo dentro del cual se incluyen también los transgénicos.

Restricción del uso de aditivos alimentarios

Como vemos, aquí no se dice nada de si un alimento es más o menos saludable o si debe poseer un contenido nutricional mayor que los alimentos convencionales. Las cuestiones que esta legislación refleja son relativas a otros aspectos que nada tienen que ver con la nutrición.

Los alimentos ecológicos no tienen por qué ser más sanos

Los alimentos ecológicos no son por definición más saludables. No debemos confundir ecológico con producto de cercanía, ese es el consumo que realmente deberíamos apoyar.

Basta con echar un vistazo rápido en la sección de frutas y verduras de cualquier supermercado para apreciar que muchos de estos productos proceden de la otra parte del mundo, y que además están envueltos con cantidades exageradas de plástico.

En resumen, no dejes de comer fruta y verdura si no te llega el bolsillo para los productos ecológicos. Dentro de la Unión Europea se cumplen con todos los requisitos necesarios para que los vegetales convencionales sean 100% seguros. Por ello, trata de comprar alimentos de temporada y nacionales en lugar de preocuparte por los ecológicos.

¿Qué es eso de «lugar fresco y seco»?

Seguro que habrás leído en la etiqueta de muchos productos alimenticios la siguiente coletilla: “conservar en lugar fresco y seco”. Pero, ¿qué significa exactamente? ¿Por qué se indica en los envases de algunos alimentos?

Estas dudas suelen ser habituales cuando leemos las etiquetas de productos como los frutos secos, panes, bollería o incluso conservas. En general, casi cualquier alimento que no necesita guardarse en el frigorífico tienen indicaciones como esta o similares.

Los alimentos se deterioran con el ambiente

El principal motivo que lleva a los fabricantes a advertir sobre las condiciones de conservación de ciertos productos alimenticios es su facilidad para degradarse ante ciertos factores externos.

Tanto la exposición a la luz, como la temperatura o la humedad son elementos clave que intervienen en la duración de los alimentos en nuestra despensa.

Esto se debe a varios motivos. Por ejemplo, los microorganismos alterantes se sienten más cómodos cuando el contenido en agua de los alimentos es mayor. También encontramos que los mohos y levaduras pueden desarrollarse más fácilmente ante ciertas condiciones de humedad.

Por otro lado, la exposición a la luz de ciertos alimentos como el aceite de oliva o las patatas fritas puede provocar el enranciamiento de sus grasas, dando lugar a defectos en el sabor, aroma y textura de los mismos.

Si nos referimos a la temperatura, también puede influir en el desarrollo de ciertos patógenos, creando un caldo de cultivo idóneo para los mismos. Además, las altas temperaturas favorecen las pérdidas de peso de algunos vegetales crudos como las frutas por deshidratación.

Las patatas crudas, por ejemplo, son un caso especial. Ya que además de almacenarse en un lugar fresco y seco, también se recomienda que sea apartado de la luz. Esto es debido a que con la exposición a la luz es más fácil que se desarrollen compuestos problemáticos como la solanina, clorofila, y la aparición de brotes en la patata.

¿Qué lugares son frescos y secos?

Quizá la mención de un lugar “fresco y seco” nos suene un poco extraño, pero lo cierto es que cualquier armario o cajón de una cocina habitual cumple con los requisitos suficientes para considerarse como tal.

Como apunte final, es importante que para almacenar vegetales exista además cierta ventilación ya que muchas frutas y verduras siguen respirando y madurando tras la recolección. En caso de guardarlas en ambientes demasiado cerrados corremos el riesgo de que maduren demasiado rápido y se echen a perder antes.