Antinutrientes: ¿debemos preocuparnos?

Seguro que has escuchado mucho últimamente sobre los antinutrientes, ¿pero sabes realmente qué son? Los antinutrientes son unos compuestos que reducen la biodisponibilidad de otras sustancias, es decir, disminuyen la cantidad de nutrientes que nuestro cuerpo aprovecha para cumplir las funciones fisiológicas, generalmente vitaminas y minerales esenciales.

¿El motivo? Algunas de las plantas que comemos tienen estas sustancias químicas que les sirven de “mecanismo de defensa” para esquivar posibles depredadores, proteger sus semillas y asegurar su germinación. En definitiva: es un método de supervivencia de las plantas para protegerse frente a agresiones externas. Sin embargo, para los seres humanos estos compuestos se perciben como algo negativo. De hecho, hay un miedo general a los antinutrientes que en ocasiones se utiliza como excusa para desmotivar hacia el consumo de alimentos saludables.

Por ejemplo tenemos los oxalatos, presentes en verduras de hoja verde, los taninos del café o los fitatos de las legumbres y del salvado (la capa externa de los cereales) que interfieren con la absorción de calcio y hierro. Hay muchos ejemplos variados en el mundo de la alimentación. Pero no solo hay antinutrientes en los vegetales, sino también en alimentos de origen animal. Otros ejemplos son la avidina, presente en la clara del huevo, las saponinas, en la superficie de legumbres y cereales o las lectinas, también presentes en legumbres. Por otro lado, se habla mucho del ácido fítico en los frutos secos, cuando en realidad, lejos de ser un antinutriente, se comporta como un buen antioxidante.

La pregunta del millón es: ¿hay que preocuparse por los antinutrientes? Absolutamente no. Los antinutrientes se eliminan o reducen su presencia al aplicar diferentes técnicas de cocinado, principalmente por el sometimiento al calor. Eso en algunos casos, ya que en la mayoría de alimentos los antinutrientes están presentes en cantidades tan pequeñas que ni siquiera son un problema real para la salud. Es una exageración habitual.

Siempre se hace hincapié en los antinutrientes de alimentos saludables, cuando su valor nutritivo supera por mucho el pequeño hándicap de la presencia de unos antinutrientes que van a destruirse al cocinar o son anecdóticos. No dejes que los antinutrientes impidan el consumo de alimentos totalmente saludables y perfectamente compatibles con la rutina diaria. Recuerda que una alimentación basada en legumbres, cereales integrales, frutos secos, fruta y verdura, así como hortalizas, semillas y aceites de buena calidad es muy saludable y necesaria.

¡Ampliación de plazo, no te lo pierdas!

El pack de 5 cursos online míos + mis 3 ebooks por solamente 24 euros. ✅Info en: escuelanutricionpractica.com/pack

¡Evita que la manzana se oxide!

Es muy habitual que nos apetezca comernos media manzana y que cuando vamos a echar mano al resto, esté oxidada. También es muy típico llevárnosla cortada al trabajo o ponerla para el recreo de los niños y que ocurra los mismo.

Aquí te dejo 4 consejos que pueden resultarte útiles:

  • Una vez que esté cortada podemos meterla en un vaso o una taza con agua fría, taparla con papel film o incluso una servilleta y ponerla en la nevera. No estará en contacto con el aire y tardará mucho más en oxidarse
  • Si las vamos a llevar al trabajo. Pon una taza con agua fría y una pizca de sal, remueve bien con un cuchara, introduce los trozos de manzana. Y déjalos 5 minutos. Escurre, lava los trozos y ponlos en el táper del trabajo.
  • Utilizar limón es un clásico. El ácido cítrico es un magnífico conservante natural. Deberíamos frotar los trozos de la manzana con el limón. Sé que será un sabor intenso, a mí me encanta. Después guárdalos también en un táper
  • Aunque no es muy bueno para el medio ambiente, podemos utilizar las típicas bolsas para congelar que llevan autocierre. Ponemos los trozos de manzana, tratamos de sacar la mayor cantidad de aire posible y cerramos.

Quizás te preguntes por qué las del supermercado que ya vienen cortadas y en una bolsita duran tanto. Básicamente, porque han modificado su atmósfera, han conseguido que haya muy poco oxígeno y, por lo tanto, detener la oxidación.

¡¡¡NO LO DEJES PASAR!!! SOLAMENTE QUEDAN 3 DÍAS. EL PACK DE MIS 5 CURSOS ONLINE + MIS 3 EBOOKS, SOLAMENTE POR 24 EUROS [UN 88% DE DESCUENTO]. Info y matrícula en: escuelanutricionpractica.com/pack/

¿Es peligrosa la solanina de la patata?

¿Alguna vez has probado una patata y estaba amarga? Es raro que suceda, pero este desagradable sabor suele deberse a la presencia de solanina, un tóxico natural de las patatas utilizado frente a agresiones externas como plagas para defender a la patata.

No te preocupes porque a pesar de ser tóxica, las intoxicaciones alimentarias por solanina son muy poco frecuentes. El motivo es que el sabor amargo nos alerta de que la patata no está buena, lo que hace que no sigamos comiéndola. 

Además de la patata, también encontramos solanina de forma natural en otros alimentos como el tomate, la berenjena o el pimiento. De ahí que estos vegetales pertenezcan al grupo de las solanáceas. La solanina no es un problema en alimentos de consumo habitual, ya que se encuentra en cantidades muy pequeñas. Sin embargo, ciertas condiciones pueden aumentar la presencia de solanina.

Por ello conviene conocer algunos detalles interesantes que pueden ayudarnos a minimizar la cantidad de solanina que se forma en las patatas. Por ejemplo, la presencia de luz. Es recomendable almacenar las patatas en un lugar oscuro ya que la luz solar favorece la aparición de brotes y un color verdoso en la patata. Ambos casos delatan la presencia de solanina alrededor de estas manchas de color verde y brotes.

Sin embargo, el color verde no se da por la solanina como tal, sino que viene marcado por la presencia de clorofila. Ya sea de forma directa o indirecta, lo cierto es que unas patatas verdes no son un buen síntoma. En estos casos, si las manchas verdes y los brotes no son muy grandes, podemos recortar la zona afectada y comer el resto. Sin embargo, si la superficie ocupada es muy amplia lo mejor será tirar la patata y no comerla.

Por otro lado, también es recomendable almacenar las patatas en un lugar fresco y bien ventilado. En este caso no es por la solanina, sino para evitar que condense agua en la superficie de la patata y se acelere su proceso de descomposición. La patata sigue respirando tras su recolección, por lo que es importante tenerlo en cuenta a la hora de almacenarla con otros alimentos. No es recomendable guardarla junto a las cebollas en un ambiente poco ventilado, ya que la humedad de la patata puede alterar a las cebollas y favorecer el crecimiento de mohos y otros microorganismos.

¡¡¡NO LO DEJES PASAR!!! SOLAMENTE QUEDAN 3 DÍAS. EL PACK DE MIS 5 CURSOS ONLINE + MIS 3 EBOOKS, SOLAMENTE POR 24 EUROS [UN 88% DE DESCUENTO]. Info y matrícula en: escuelanutricionpractica.com/pack/

Frutos secos: 5 consejos al comprarlos

Como sabéis soy un férreo defensor del consumo de frutos secos por su alta cantidad y variedad de minerales, por su fibra y también por sus grasas saludables que nos ayudan, entre otras cosas a regular el colesterol. Un puñadito al día sería muy recomendable.

Te dejo algunos consejos a la hora de comprarlos:

  • Mejor crudos: la mejor forma de aprovechar todos sus nutrientes es tomarlos en crudo, al tostarlos se les someten a altas temperaturas y parte de sus nutrientes, especialmente minerales, se ven reducidos. Si te gustan tostados, mejor tostarlos ligeramente en casa. Aunque mejor tostados que fritos.
  • Mejor con piel: en el caso de las almendras, avellanas… es mejor que conserven su piel, ya que en ella se encuentran buena parte de sus antioxidantes y minerales, especialmente esa cáscara rojiza del cacahuete. En el cuerpo encontramos más fibra y grasas saludables, aunque también una buena parte de minerales. El anacardo, sin embargo, hay que tomarlo sin piel, porque su piel es tóxica, pero por ley no se pueden comercializar con piel, siempre los encontrados pelados.
  • Evita los fritos: igual que con el resto de alimentos, al freírlos aumentan las grasas saturadas, además ya se estará empleando algún aceite que puede ser de dudosa calidad, las marcas que he mirado, salvo una que usa aceite de oliva virgen, el resto usas aceite de girasol refinado.
  • Evita los salados: son muy habituales las almendras saladas, ¿por qué estropear un alimento tan saludable con tanta sal?, ya tomamos suficiente sal, a veces demasiada sal [en España se triplica la cantidad recomendada], como para ponerle sal también a algo tan altamente nutritivo.
  • Mira su procedencia: como el resto de producto lo ideal es que sea local, del país, porque no habrá viajado miles de kilómetros, es más fácil que se hayan recolectado hace poco, que sean de temporada, mantendrán sus nutrientes más intacto, además, en el caso de España tenemos buenísima producción. Aunque con el etiquetado actual no es fácil saber esa procedencia, muchas veces solamente ponen donde las han empaquetado.

Lo importante es que los tomes a diario, con un puñado al día es suficiente para obtener todos sus beneficios. Sé que son algo caros, pero al tomar poca cantidad, nos pueden durar bastante.

Todos mis suplementos, solamente lo que necesitas en: vegvital.com

¿Qué es la microbiota y qué funciones tiene?

La palabra “microbiota” puede resultar un tanto extraña de primeras, ya que quizás no la hayas escuchado demasiado. A pesar de ello, es sumamente importante, y hace referencia a la comunidad de microorganismos que todos los seres humanos tenemos en nuestro intestino, conviviendo con nosotros y ejerciendo funciones claves para la salud.

Aunque no es algo decisivo, la relación entre microbiota y sistema inmune es muy alta incluso en las primeras etapas de la vida. De hecho, los bebés que nacen por parto vaginal comienzan con un sistema inmune más fuerte, al igual que ocurre con aquellos que se ven beneficiados de la lactancia. La leche materna presenta células inmunes específicas para la edad del recién nacido, por lo que favorecerá la producción y el crecimiento de bifidobacterias, muy relacionadas con las dolencias más frecuentes en esa etapa, como diarreas o catarros comunes.

Con los alimentos sólidos llega la proliferación de bacteroidetes, otra familia de bacterias muy importante en la microbiota. Como estas bacterias se alojan principalmente en la boca, significa que estamos creando una interesante barrera a los patógenos en el inicio del proceso digestivo. También se asientan los firmicutes, que están relacionados con una buena digestión de los hidratos de carbono. A partir de los tres años, la microbiota ya puede considerarse madura, es decir, su composición es muy similar a la del adulto.

En cuanto a la cantidad de bacterias, se calcula que la microbiota de un adulto está compuesta por más de 100 billones de microorganismos de 400 especies diferentes. Aunque hay hongos y levaduras en su composición, el 97-98% son bacterias. Puesto que el intestino grueso mide una media de 1,5 metros, y dado que estas bacterias viven en su mayoría en el primer tramo, el tamaño de nuestra microbiota es realmente pequeño.

Además de la función inmune, esta microbiota cumple con otras tareas: 

  • Ayuda a digerir algunos de los macronutrientes que llegan hasta el intestino grueso. Es decir, algunas grasas y aminoácidos, pero sobre todo se encarga de la fibra, donde se produce una fermentación que da lugar al butirato, acetato y propionato, unos ácidos que fortalecen a estas bacterias y al intestino en general por sus efectos antiinflamatorios.
  • Ayudan a producir vitaminas como la K y la B6.
  • Favorecen la absorción de pequeñas cantidades de calcio y de hierro.
  • Nos ayuda a reducir o incluso neutralizar algunas sustancias potencialmente tóxicas como los nitratos y nitritos.

Cuando el equilibrio homeostático de nuestra microbiota se rompe —es decir, la microbiota deja de ser constante en cantidad y variedad— hablamos de disbiosis intestinal, que está relacionada con un desajuste del sistema inmune y de la mucosa intestinal. Además, hay una relación de dependencia entre ellos: si nuestra microbiota goza de buena salud protegerá al mucus intestinal y las diferentes barreras, y viceversa.

Esta disbiosis está vinculada con las enfermedades inflamatorias del intestino, con intolerancias alimentarias e incluso con dolencias de los riñones, el hígado y el corazón. También se ha observado una mayor incidencia de la obesidad y la diabetes en personas con una microbiota debilitada.

Ayuda a tu microbiota con mi suplemento de probióticos + prebióticos: vegvital.com

Diferencias entre proteínas, hidratos y grasas

La composición nutricional cambia bastante según el grupo de alimentos al que nos refiramos, por eso solemos clasificarlos en función de su macronutriente mayoritario. Sin embargo, y al contrario de lo que mucha gente piensa, todos los alimentos contienen realmente los 3 macronutrientes: proteínas, hidratos de carbono y grasas, solo que en distinta proporción.

Las únicas materias primas que únicamente están compuestas por un macronutriente son el aceite (solo grasa), y el azúcar, que está formado completamente por hidratos de carbono simples.

Alimentos ricos en proteínas

Las proteínas cumplen con un papel funcional y estructural muy importante, ya que forman nuestros tejidos e intervienen en múltiples reacciones químicas del organismo. Las proteínas están hechas de aminoácidos esenciales, unidades más pequeñas de las proteínas que cumplen con infinidad de funciones metabólicas. Además, las proteínas se consideran el macronutriente más saciante.

Además de la carne, huevo o pescado,las legumbres y los frutos secos también aportan cantidades muy elevadas de proteínas de calidad. De hecho, pueden ser perfectamente nuestra fuente proteica en la dieta, junto a cereales y otros alimentos de interés. Todos ellos también destacan por contener cantidades muy interesantes de hidratos de carbono saludables asociados a altos niveles de fibra dietética.

Grasas: saturadas e insaturadas

Las grasas aportan más calorías que las proteínas y los hidratos de carbono en igual cantidad. Concretamente, las grasas otorgan 9 Kcal por cada gramo, mientras que las proteínas y los hidratos de carbono una cifra inferior: 4 Kcal por gramo.

Encontramos los ácidos grasos saturados, generalmente vinculados a problemas cardiovasculares y mayoritarios en alimentos de origen animal. Por otro lado encontramos los ácidos grasos insaturados que, contrariamente, se asocian a funciones cardioprotectoras y están mayormente en alimentos vegetales. Dentro de ellos, los ácidos grasos monoinsaturados están en el aceite de oliva y el aguacate, y los ácidos grasos poliinsaturados en pescados azules y frutos secos como las nueces

Hidratos de carbono: mejor integrales

Las frutas, verduras y hortalizas están compuestas en su mayoría por hidratos de carbono complejos y saludables. Además, tienen fibra que se vincula con beneficios saludables al no elevar bruscamente estos picos de glucosa.

También tenemos alimentos como pan, pasta y arroz. Mejor que sean integrales. La cantidad de alimentos ricos en hidratos de carbono debe adaptarse a nuestro nivel de actividad física para así cumplir con nuestras necesidades calóricas y energéticas en la dieta.

¡Mis productos ecológicos, de cercanía, sin aditivos, con envases responsables! en: ladespensadealvaro.com

¿Cómo obtener suficiente vitamina D?

La obtención de suficiente vitamina D es una de las grandes preocupaciones de un amplio porcentaje de la población. Sobre todo porque las últimas encuestas arrojan datos demoledores: prácticamente un 80% de la población mundial no consume suficiente vitamina D en su rutina diaria. En España, alcanzamos casi el 60%.

Sus funciones son vitales: completamente necesaria para que el calcio se fije a los huesos, con lo que prevenimos la osteoporosis. Aunque también es usada por los músculos. Sin duda, cumple un papel muy relevante en el sistema inmunitario, sobre todo en la primera respuesta antes virus y bacterias perjudiciales.

Por este motivo es normal que nos preguntemos cuáles son las vías para obtener esta vitamina, ya que si tantas personas tienen problemas para conseguirla debe ser por algún factor importante que muchas personas tengan en común.

A partir de alimentos

Lo cierto es que existen muy pocos alimentos que contengan cantidades interesantes de vitamina D, y este es uno de los principales problemas que se nos presentan.

Algunos alimentos de origen animal como carne, pescado, huevos y lácteos contienen vitamina D, pero lo hacen en cantidades muy variables y rara vez se llega a los mínimos.

Las setas son los únicos alimentos no vegetales que tienen algo de vitamina D, pero de nuevo, sus cantidades son muy pequeñas, insuficientes.

Mediante la exposición solar

La exposición solar suele catalogarse como la opción más sencilla para obtener la vitamina D que nuestro cuerpo necesita, pero esto no siempre sucede así.

Para muchas personas resulta complicado obtener una exposición diaria al Sol suficiente como para producir la cantidad de vitamina D necesaria. Bien por vivir en regiones con poca luz solar o por un estilo de vida que no permite pasar mucho tiempo al aire libre. Esto son realidades que cada vez son más comunes en nuestra sociedad.

Deberíamos tomar el sol 10-15 minutos al día, mínimo en cara y brazos, y sin maquillajes, cremas con protección solar. Algo que muy poca gente hace.

Gracias a la suplementación

La suplementación de vitamina D se postula cada vez como la opción más eficaz para garantizar el aporte adecuado de este micronutriente.

Recordemos que gracias a la suplementación podemos lograr justamente el aporte que necesitamos de vitamina D en función de nuestras necesidades diarias, y esto es algo que el resto de vías de obtención de vitamina D no pueden ofrecernos de forma tan precisa.

Dentro de lo que cabe, las necesidades diarias de vitamina D son bastante estables a lo largo de la vida. Concretamente, se establece en 15-20 microgramos de vitamina D la ingesta diaria recomendada para las edades comprendidas entre 1-59 años tanto en hombres como en mujeres. Además, también se mantiene como recomendación los 15 microgramos de vitamina D diarios durante la lactancia y el embarazo. A partir de los 60 años la recomendación es 20 microgramos.

Mi suplemento de Vitamina D3, la que mejor aprovechamos. Info: vegvital.com

Elige las mejores grasas

Desde hace años están muy de moda todas las dietas bajas en grasas, en algunos casos encontrándonos auténticas barbaridades, recomendando el consumo cero de grasas, primando la obsesión por contar calorías que los nutrientes. Las grasas, los lípidos son fundamentales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo, lo que tenemos que saber es qué cantidad y qué tipo de grasas son las más beneficiosas.

Entre las principales funciones de este macronutriente están formar parte de las membranas celulares, ser los depósitos de energía para momentos de necesidad, aislante del frío, hace de capa protectora para los órganos más importantes, precursora de la síntesis de algunas vitaminas y hormonas, transportan las vitaminas liposolubles [A, D, E, K] en el intestino delgado, etc.

TIPOS DE GRASAS

Grasas saturadas. Aquellas que se encuentran mayoritariamente en los alimentos de origen animal [carne, huevos, lácteos, mantequillas, siendo el queso el alimento natural más rico en grasas saturadas].

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud publicado en 1991, podemos estar completamente sanos ingiriendo un 0% de este tipo de grasas y nunca deberíamos sobrepasar el 7-8% de estos lípidos, la Asociación Americana del Corazón advierte que superar el 10% diario sería un gran riesgo, ya que podríamos tener problemas de colesterol y triglicéridos lo que desemboca en problemas cardiovasculares, cargamos de trabajo al hígado como hemos visto, desarreglos hormonales… 

Según el Ministerio de Sanidad español, a través de su programa ‘Cuídate más‘ su ingesta excesiva está relacionada con la obesidad, tumores como el de colon, mama, vesícula; trastornos psicológicos, y un largo etcétera.

Grasas insaturadas. Proceden en su mayoría de alimentos vegetales, son llamadas ‘grasas buenas’, aunque son fundamentales debemos moderar su consumo debido al gran aporte energético que suponen, deberían ser entre el 25-30% de las calorías de nuestra dieta, dependiendo del ejercicio físico que realicemos. 

Dentro de las insaturadas están el aceite de oliva [siempre mejor virgen extra], los frutos secos, el aguacate y las semillas.  

Los lípidos insaturados ayudan a reducir el colesterol ‘malo’, aumentar el ‘bueno’, fundamentales para las células cerebrales, necesarias durante el embarazo y la lactancia, ayudan, como hemos visto, a mejorar la absorción de las vitaminas A, D, E, K.

Grasas trans, que se obtienen de la transformación de aceites líquidos en grasas sólidas tras un proceso de hidrogenación o sometimiento a altas temperaturas, utilizadas por la industria alimentaria porque son más estables, se conservan mejor, no se enrancian tan fácilmente, aportan mucho sabor a las comidas… las encontramos en la bollería industrial, patatas fritas, margarinas, fritos industriales y en infinidad de productos procesados, son muy peligrosas para la salud cardiovascular, incrementan el riesgo de diabetes, relacionadas con varios tipos de cáncer y de nuevo la saturación del hígado. Las debemos evitar por completo en nuestra dieta.

Como resumen, debemos incluir con moderación en nuestra dieta las grasas, alrededor de un 25-30% de las calorías de la misma, reduciendo al máximo las grasas saturadas y eliminando las trans.

No te olvides de los Omegas, el 6 es muy fácil de obtener a través de los alimentos. Pero el Omega-3, si no tomas pescado, sería recomendable la suplementación.

Mi suplemento de Omega-3 para aquellos que no toman pescado en: vegvital.com

La esclerosis múltiple y la vitamina D

Esta misma semana hemos tenido la buenísima noticia del descubrimiento del virus que causa al esclerosis múltiple, el Epstein-Barr. Se ha llegado a esta conclusión después de un estudio a nada menos que 10 millones de personas durante 20 años. Es una enfermedad que suele aparecer entre los 20 y 40 años y que en España afecta a aproximadamente 50.000 personas. ¡Es un gran avance científico!

Uno de los grandes problemas es que se calcula que el 94% de la población porta este virus o se encuentran huellas de él. Es el que conocemos como «virus del beso», se transmite fácilmente por la saliva, al besarse o compartir un vaso o un cubierto. En la mayoría de los casos suele estar latente, pero hay factores que «lo activan».

¿Y qué tiene que ver la vitamina D?

Desde la Red Española de Esclerosis Múltiple, puntualizan que no solamente este virus puede ser el causante, sino que son una suma de factores, entre los que señalan el tabaquismo, la obesidad infantil y el déficit de vitamina D.

Esto se debe a que la vitamina D es fundamental para el sistema inmunitario, siempre pensamos en esta vitamina para fortalecer nuestros huesos, pero nuestras defensas necesitan de buenos niveles para su correcto funcionamiento. Sobre todo, la vitamina D, actúa justo cuando el organismo detecta al virus, en los primeros segundos, que son vitales para poder neutralizarlo o rebajar su incidencia. También ayuda a controlar las células inflamatorias.

La Mayo Clinic, un referente mundial, recoge que tomar suplementos de 400 UI [10 mcg] o más de vitamina D disminuye de manera considerable el riesgo de desarrollar esclerosis múltiple en mujeres.

También la Fundación de Esclerosis Múltiple [en uno de sus artículos] nos dice que la vitamina D es un elemento fundamental para la salud y especialmente si se padece esclerosis múltiple.

El déficit generalizado de vitamina D

Otro de los grandes problemas es el déficit tan alto que hay en nuestra sociedad. Se calcula que en España este puede alcanzar al 60% de la población. Esto se debe a que la principal fuente es el Sol, tomarlo 10-15 minutos cada día, mínimo en cara y brazos. Lamentablemente, por nuestro estilo de vida, no pasamos ese tiempo ni de lejos, estamos siempre a cubierto, en casa o trabajando, además del uso de muchos maquillajes y cremas con protección solar. A esto se suma, que no hay alimentos ricos en esta vitamina, que cubran los mínimos.

Por lo tanto, para evitar este déficit tan generalizado, o tomamos el Sol o suplementación, mejor de D3, que es la más similar a la obtenida por el Sol.

La quinoa: ¿es tan saludable?

La quinoa (Chenopodium quinoa) se ha convertido en los últimos años en un alimento habitual en muchos hogares. Y es que comenzó siendo un recurso exótico en Europa, pero cada vez se ha convertido más en algo sumamente popular por su versatilidad en la cocina y excelentes propiedades nutricionales.

La quinoa no es más que una semilla, pero con características nutricionales únicas al poder consumirse como un cereal, por eso, la llamamos también pseudocereal.

Nutrientes de la quinoa

La mayor parte de calorías de la quinoa provienen en forma de hidratos complejos, pero también aporta cerca de 16 gramos de proteínas por cada 100 gramos y ofrece alrededor de 6 gramos de grasas en igual cantidad de alimento. ¡Una auténtica maravilla nutricional!

Asimismo, debemos destacar su alto aporte de fibra dietética, ya que puede alcanzar los 15 gramos por cada 100 gramos, siendo en su mayoría, fibra de tipo insoluble como poseen característicamente las semillas.

Por su alto contenido en fibra y su mayor aporte proteico respecto a los cereales, la quinoa tiene un bajo índice glucémico, lo que la vuelve ideal para personas con diabetes. Además de ser hidratos saludables que tienen una absorción lenta en el organismo para población general.

La quinoa también contribuye a combatir el estreñimiento dado su alto contenido de fibra insoluble, y puede ser de gran utilidad en la dieta de personas veganas y vegetarianas, ya que posee una elevada proporción de proteínas completas y es buena fuente de hierro.

Vitaminas y minerales de la quinoa

Si nos referimos a los micronutrientes, en la quinoa destaca el contenido de potasio, magnesio, calcio, fósforo, hierro y zinc entre el grupo de los minerales.

La quinoa también ofrece vitaminas del complejo B en cantidades apreciables, útiles para el sistema nervioso, y vitamina E con función antioxidante, sobre todo protegiendo nuestra piel.

El tema medioambiental es su fallo

El único «pero» que podemos sacarle a la quinoa es su impacto medioambiental, ya que hasta que llega a España recorre miles de kilómetros. Esto empeora notablemente su valoración relativa a cuestiones de sostenibilidad. 

Sin embargo, también es cierto que cada vez hay más producción nacional en el Valle del Guadalquivir, zona de Andalucía, por lo que este aspecto está siendo mejorado poco a poco. Similares nutricionalmente a la quinoa encontramos muchas legumbres y la mayoría de granos integrales. Es decir, la quinoa no es de consumo obligatorio, aunque sí muy nutritiva y recomendable por lo general.

El combo perfecto para este invierno: probióticos + vitamina D. Info en: vegvital.com