¿Por qué «light» no es igual a más saludable?

Hablar del etiquetado de los alimentos siempre es complicado, ya que existen muchos reclamos que generan ciertas dudas en cuanto a su utilidad en relación a la información real que proporcionan al consumidor en materia de nutrición y seguridad alimentaria.

Y es normal, ya que identificar qué información del etiquetado es correcta, cuál está regulada por la legislación y cuál no, es bastante complicado para el usuario promedio.

En el etiquetado alimentario actual encontramos mucho marketing que nos confunde y hace que no podamos separar la información verdadera de aquella que solo busca maquillar y ensalzar el producto para vender más.

Qué son las declaraciones nutricionales

Algunos de los términos que sí se encuentran regulados por la legislación son las conocidas “declaraciones nutricionales”. Estas palabras o grupo de palabras hacen referencia al contenido destacado en ciertos nutrientes que puede relacionarse con beneficios para la salud humana tras su consumo.

Algunas de estas declaraciones hacen hincapié en el contenido elevado de ciertos nutrientes, como por ejemplo “alto en proteínas” o “alto en fibra”. También encontramos otras declaraciones como “fuente de fibra” o “fuente de proteínas”, donde también se destaca el contenido del nutriente pero en menor grado.

Por otro lado, otras declaraciones nutricionales hacen referencia al bajo valor de ciertos nutrientes, normalmente relacionados con problemas hacia la salud. Estamos hablando de “bajo en grasa” o “valor energético reducido” o “sin azúcar”, entre muchos otros.

¿Y qué significa entonces “light”?

Dentro de este grupo encontramos la declaración “light”, que según la legislación equivale a la misma definición que se utiliza en la mención “contenido reducido” y debe ir acompañada de una indicación que especifique de forma exacta cuál es la característica que hace que el alimento sea “light”. Es decir, si es “light” por tener menos grasa o menos calorías, por ejemplo. Esto no debe ser confuso en ningún caso, y debe ser fácilmente identificable en el etiquetado alimentario.

¿Y qué dice exactamente la mención de “contenido reducido”? Pues, básicamente, que se puede utilizar cuando existe una reducción del 30% de un nutriente en concreto respecto a la versión original del producto a comparar. Por definición no especifica si se refiere a las calorías, las grasas u otro elemento. Por eso en la definición de “light” se nos dice que debe ir acompañado de la característica a la que se aplica dicha reducción.

¿Esto hace al producto “light” saludable?

En la práctica, un producto etiquetado como “light” suele tener un 30% menos de calorías o grasa que su versión original. ¿Y esto lo convierte en un producto saludable? Pues no necesariamente, ya que la mención “light” solemos encontrarla en patatas fritas, bollería y elementos similares, y no en frutas o verduras.

Por ello, aunque exista una reducción del 30% en el número de calorías procedentes de ingredientes insanos, el alimento o producto alimenticio seguirá siendo de una pobre calidad nutricional. Debemos fijarnos siempre en la calidad de las materias primas que componen un alimento, y no tanto en las cifras de los nutrientes o en algunos reclamos como este, que a pesar de estar regulado por la legislación europea puede llegar a confundirnos en lugar de ayudarnos a tomar decisiones de compra saludables.

En este sentido, es muy importante que identifiquemos correctamente cuáles son los productos que contienen el reclamo “light” y hagamos una valoración correcta de los mismos. Muchas veces es preferible consumir un producto insano de forma esporádica a consumir uno “light” de forma continuada en el tiempo, ya que las posibilidades de que nuestra salud empeore a raíz de su consumo serán mayores.

Este es otro de los problemas que plantean los productos “light”, la pérdida de la percepción de que el producto es igualmente insano. Bajo una falsa confianza y un halo de salud es más fácil incrementar el consumo de productos como bollería, patatas fritas o refrescos “light” sin apenas darnos cuenta, ya que creemos que son más sanos. Esto, en el cómputo global de la dieta, puede provocar que nuestro patrón alimentario sea de pésima calidad nutricional y que desplace el consumo de alimentos saludables y ricos en nutrientes como las frutas y verduras, legumbres, frutos secos, semillas, y cereales integrales.

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Natural, artesano, de la abuela, ¿realmente significan algo?

El etiquetado de los alimentos envasados nos muestra muchas veces algunos términos cuyo significado es realmente difícil de comprender: “natural”, “artesano” o “de la abuela” son tan solo algunos ejemplos.

De hecho, muchos de estos conceptos ni siquiera están regulados legalmente, por lo que se utilizan más bien como reclamos de marketing para llamar la atención y fomentar las ventas de esos productos bajo un paraguas de dudosa legalidad.

Hablo de dudosa legalidad porque según el Reglamento 1169/2011 de la Unión Europea, la información facilitada en los envases alimentarios no debe inducir a error al consumidor, y esto es lo que sucede claramente con muchos de estos términos confusos.

Qué significa “natural”

La palabra natural tiene un halo de salud implícita que se aprovecha como reclamo para destacar que un alimento es más saludable que los de su competencia.

Sin embargo, realmente la palabra “natural” no significa nada. Actualmente vemos panes de molde etiquetados como “naturales”, cuando ya sabemos que estos no crecen precisamente de los árboles.

Salvo casos contados, como el yogur natural, no tiene ningún sentido denominar a un alimento “natural” como si eso fuera un valor añadido o un motivo de calidad extra para comprar el producto.

Actualmente no existe regulación legal sobre este término, por lo que cualquier alimento puede contener un “natural” bien grande en su envase. Desde bollería, snacks, embutidos hasta cualquier otro tipo de ultraprocesados que claramente no es saludable aunque incluya la etiqueta “natural”.

Por otro lado, el hecho de pensar que algo natural siempre es mejor, también es un error. Los diferentes procesos tecnológicos para conservar la comida como la pasteurización o el uso del frío son artificiales, hechos por el ser humano, y nos permiten que podamos consumir alimentos de forma segura sin intoxicarnos durante muchísimo tiempo.

¿Y artesano?

Con la etiqueta “artesano” sucede más de lo mismo, ya que no existen regulaciones legales que vigilen su uso en el etiquetado alimentario.

Bueno, realmente existe un único caso donde la palabra “artesano” sí que está regulada legalmente, y es en la Región de Murcia. En esta zona de España existe un organismo de artesanía encargado de otorgar un sello de calidad regulado legalmente en base a las prácticas tradicionales que se llevan a cabo para elaborar los diferentes productos alimenticios.

Por supuesto, esto no es garantía alguna de salud, ya que el término “artesano” puede utilizarse en turrones, chocolates y otros dulces típicos que son muy tradicionales pero no son saludables en absoluto. 

¿Hay abuelas cocinando en la industria alimentaria?

Por último tenemos el concepto “de la abuela”, una coletilla que se añade habitualmente en platos preparados, guisos y diferentes salsas como el tomate frito, por ejemplo.

Esto nos puede llevar a preguntarnos si realmente la industria alimentaria tiene contratadas a abuelas para preparar estos productos en sus fábricas. Obviamente no es así, ya que los procesos se llevan a cabo igual que el resto, utilizando maquinarias y tecnologías que permiten producciones a gran escala.

Sin embargo, este distintivo sirve inevitablemente para vender más, ya que está apelando a nuestras emociones y recuerdos familiares. La cocina de la abuela siempre se ha percibido como un signo de calidad y buen sabor, por lo que es lógico que la industria alimentaria lo utilice en su beneficio.

Esto sí, debemos ser conscientes una vez más que no significa absolutamente nada ya que no está regulado legalmente. Para identificar si un alimento es saludable o no debemos recurrir a la lectura de los elementos del etiquetado alimentario que son obligatorios por legislación, como el listado de ingredientes y la tabla de información nutricional.

En primer lugar, siempre debemos mirar el listado de ingredientes, ya que nos dará una noción de la cantidad que lleva aproximadamente cada ingrediente dentro de la receta total del producto. Esto se debe a que el listado de ingredientes aparece en orden decreciente (de más cantidad a menos), por lo que los ingredientes que aparezcan en las primeras posiciones serán los mayoritarios en el producto.

Posteriormente podemos complementar la información consultando la tabla nutricional, donde veremos datos numéricos que nos servirán para conocer de forma más concreta la cantidad de los nutrientes que componen el producto. Sin embargo, no debemos obsesionarnos con ello, ya que estos datos suelen ser calculados por aproximación y no son 100% exactos siempre.

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¿Los plátanos son radiactivos?

¿Alguna vez has escuchado que los plátanos son radiactivos? Es algo que pocas personas conocen, pero que resulta bastante llamativo para quienes sienten curiosidad por los alimentos.

Y es que sí, los plátanos son radiactivos, pero no de la forma que imaginas. No vayas corriendo al frutero a deshacerte de todos ellos. En este artículo te cuento en profundidad por qué son radiactivos y por qué a pesar de ello no debes tener ningún miedo a comerlos en tu rutina habitual.

Muchos elementos cotidianos emiten radiación

Esto es algo que no todo el mundo sabe, y es que muchos elementos de nuestro día a día son radiactivos naturalmente. La radiación no es algo artificial o ajeno, sino que también forma parte de la naturaleza.

Tanto las estrellas, como las propias personas y otros elementos tecnológicos emiten radiación de forma habitual. Por supuesto, también los alimentos. Ellos no se quedan fuera.

Sin embargo, la radiación no solo es cosa de los plátanos. Otros alimentos como las nueces, patatas o semillas de girasol, por ejemplo, también contienen potasio K40. Este tipo de potasio no es dañino para el humano porque el cuerpo no lo acumula. De hecho, nuestro organismo tiene la capacidad de eliminar el exceso de este mineral cuando ha obtenido la cantidad suficiente.

Cuánta radiación tiene un plátano

Si volvemos al plátano, lo cierto es que cada pieza contiene aproximadamente un 0,0117% del mencionado isótopo de potasio K40.

En resumen, los plátanos en realidad sí emiten radiación, pero la energía radiactiva que emanan no es peligrosa para la salud. Esto se debe a que el plátano es rico en potasio, como ya sabrás, un mineral necesario para el organismo cuya cantidad por cada 100 gramos de plátano es de unos 400 mg aproximadamente. Pues bien, como decía este isótopo potasio K40 que forma parte del plátano presenta una fuente de radiactividad de baja intensidad.

Por ello, no debemos tener miedo a comer plátanos ni muchísimo menos, ya que la cantidad de radiación es minúscula. Además, como todas las frutas, los plátanos son un alimento muy saludable no solo rico en potasio, sino también en fibra dietética, así como diversas vitaminas y minerales que, en conjunto, conforman un alimento nutritivo, saciante y energético que tiene una cabida total dentro del contexto de una dieta saludable.

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Palitos de cangrejo: ¿qué llevan?

Seguro que has escuchado más de una vez que los palitos de cangrejo son saludables, o que se recomiendan en el contexto de una dieta saludable. Nada más lejos de la realidad.

¿Llevan cangrejo de verdad?

Realmente, los palitos de cangrejo ni siquiera llevan cangrejo en su composición nutricional. Como mucho, algunos llevan «extracto de cangrejo» que mediante aromas y saborizantes consigue imitar la sensación organoléptica del cangrejo.

Entonces, ¿de qué están hechos los palitos de cangrejo? Pues resulta que están elaborados con una materia prima llamada surimi cuyo procesado excesivo e ingredientes de mala calidad nutricional no hacen que sea un producto interesante para la dieta precisamente.

¿Qué es el surimi?

El surimi es una pasta de pescado que se obtiene tras procesar el músculo de pescados blancos generalmente, y tras adicionar componentes como almidones, colorantes, aceites vegetales y azúcares, entre otros ingredientes de dudosa calidad nutricional.

Su origen se remonta a los años 70 en Japón, donde se extendió el uso de esta técnica para aprovechar las especies de pescado con menos salida y el producto sobrante entre los pescadores.

Para conseguir el surimi, el pescado es sometido a muchos lavados hasta conseguir que el producto se vuelva una pasta blanca moldeable. Posteriormente, esta pasta o surimi puede ser procesada de muchas formas diferentes hasta dar con el ultraprocesado deseado.

El surimi no es saludable

¿Y qué pescados son los que se utilizan? Para la elaboración del surimi se utilizan restos de pescado poco interesantes, que como decíamos son lavados múltiples veces hasta adquirir una textura blanda y blanquecina. Después se le añaden colorantes y otros aditivos que otorgan sabor.

A partir del surimi se pueden obtener multitud de subproductos del pescado, el más habitual es el kanikama, conocido comúnmente como palitos de cangrejo o bocas de mar. Este sería el producto del que venimos a hablar hoy, pero a partir de surimi pueden elaborarse muchos más. Por ejemplo, aquellos que imitan a angulas y otros animales de origen marino.

En conclusión, el surimi no deja de ser un producto ultraprocesado al que se le añaden altas cantidades de sal, azúcar, harinas y/o aceites refinados de muy mala calidad nutricional. Por todo ello, su consumo no es recomendable si deseamos seguir una alimentación saludable.

Por supuesto, el surimi no es una fuente proteica de interés ni aporta nada interesante que no se pueda conseguir a partir de una dieta variada y donde predominen en alimentos saludables como frutas, verduras, hortalizas, frutos secos, legumbres y semillas.

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¿Son seguros los aditivos?

Los aditivos alimentarios son sustancias que generan mucha incertidumbre y desconfianza en el consumidor. Y es normal, ya que existe mucho desconocimiento sobre qué son exactamente, cómo están regulados y cuál es su propósito en la industria alimentaria.

Qué son los aditivos alimentarios

Los aditivos son sustancias añadidas con un propósito tecnológico concreto. No pueden añadirse “porque sí” ni de cualquier forma, todo su proceso de utilización está estrechamente regulado a nivel legal por parte de la Unión Europea.

Este matiz es importante, ya que para usar un aditivo esta sustancia debe estar aprobada legalmente y contar con un registro, el famoso número que acompaña a la letra “E” en el etiquetado. Si un aditivo tiene este registro, quiere decir que es apto para el consumo.

Muchos aditivos son prescindibles

Existen muchos tipos de aditivos diferentes, cada uno destinado a una función específica. Desde colorantes, edulcorantes o espesantes hasta conservantes o antioxidantes.

Algunos son muy importantes para mantener a raya a los patógenos, como es el caso de los conservantes. Pero otros aditivos son menos interesantes y podemos decir que incluso son innecesarios desde el punto de vista de la salud y la seguridad alimentaria. Es el caso de los colorantes, aromas o potenciadores del sabor, cuya única función es la de “maquillar” el producto que nos estamos comiendo.

Cómo se vigilan los aditivos

Además, para poder ser utilizados deben cumplir con diferentes estudios toxicológicos que son re-evaluados constantemente por parte de las autoridades competentes. Por ello, no es raro que veamos cada pocos años algunos cambios en ciertos aditivos y las cantidades aptas para su utilización en la industria alimentaria.

Para regular la cantidad de aditivo que se puede utilizar, existe un parámetro llamado IDA, que hace referencia a la Ingesta Diaria Admisible. Es decir, es una cifra que se refiere a la cantidad de un aditivo concreto que podemos consumir durante todos los días de nuestra vida sin que se produzca un cambio apreciable en nuestra salud.

Esta IDA no la tienen todos los aditivos, solo aquellos que han mostrado más incertidumbre según los estudios científicos. Para ello, se aplican factores de seguridad muy grandes, por lo que las cantidades de aditivos aprobados son perfectamente seguras.

De esta forma, la seguridad de los aditivos se controla de una forma bastante amplia al contrario de lo que mucha gente piensa. Por ello, no debemos tener miedo de los aditivos. Las cantidades utilizadas son seguras. El problema es que los aditivos se suelen utilizar en multitud de ultraprocesados y productos de pésima calidad nutricional.

Aún así, entre dos productos iguales, escogería siempre el que no lleva aditivos.

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¿Por qué aparecen manchas blancas en el chocolate al guardarlo en el frigo?

Seguro que alguna vez te has preguntado qué son esas manchas blancas que aparecen en las tabletas de chocolate tras guardarlas y sacarlas del frigorífico. Incluso has podido llegar a creer que el chocolate se ha echado a perder y que ya no es apto para el consumo, es lógico por ese aspecto extraño.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El chocolate que presenta estas manchas blancas es totalmente seguro y puede consumirse sin problemas para la salud. La presencia de estas manchas blancas únicamente tiene que ver con pérdidas organolépticas, y no de seguridad alimentaria.

Estas manchas blancas obedecen a dos tipos de procesos que sufre el chocolate ante los cambios de temperatura. Uno de ellos se conoce como “fat bloom”, o blanqueamiento de la grasa. Lo que sucede es que con los cambios bruscos de temperatura la manteca del cacao tiende a desplazarse hacia la superficie. Una vez que se vuelve a enfriar, esta grasa cristaliza y presenta unas manchas blanquecinas muy características que suponen una pérdida en la calidad del chocolate. Esto se produce porque durante el movimiento de la grasa del chocolate también se arrastran compuestos organolépticamente deseables, que son los encargados de dar el sabor y aroma al chocolate.

El segundo proceso que interviene durante la aparición de manchas blancas en el chocolate es el “sugar bloom”, o blanqueamiento del azúcar. En esta ocasión, cuando se producen cambios bruscos de temperatura, el agua condensa en la superficie del chocolate y forma las típicas “gotitas” que vemos en muchos alimentos tras sacarlos del frigorífico.

Esto provoca que el azúcar ubicado en la superficie del chocolate (que es la zona más expuesta a los cambios de temperatura) se disuelva por culpa de las gotitas de agua. Posteriormente, el calor hará que el agua se evapore y que el azúcar cristalice en la superficie y aparezcan las manchitas blancas típicas.

¿Cómo podemos evitar que esto suceda? Es complicado sobre todo en verano ante elevadas temperaturas que pueden provocar que el chocolate se derrita en nuestra despensa. Si estamos en un ambiente muy cálido podemos meterlo al frigorífico de la forma más hermética posible para que se conserve mejor y no capte aromas de los alimentos que tengamos alrededor, pero siempre habrá riesgo de que aparezcan estas manchas blancas. Es un mal menor, en comparación con que se derrita el chocolate.

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Comida basura y depresión

Consumir comida basura es un mal hábito de salud, es algo conocido por todos. Las altas cantidades de azúcares, sal, grasas y harinas de mala calidad nutricional convierten a algunos productos en auténticas bombas calóricas. ¿Sabías que consumir esta comida basura de forma prolongada en el tiempo podría perjudicar tu salud mental?

El índice glucémico tiene bastante que ver

Antes de nada, debemos saber que el índice glucémico es una escala que clasifica los diferentes alimentos que son ricos en hidratos de carbono en función de la subida de glucosa en sangre que provocan tras su consumo. De esta forma, los alimentos que tienen un alto índice glucémico son aquellos que elevan rápidamente este parámetro, por ejemplo el arroz, pan blanco, refrescos o patatas.

Esto es sumamente interesante, ya que varios estudios científicos han señalado que las personas que consumen comida basura con frecuencia tienen mayores probabilidades de sufrir depresión.

Por ejemplo, este estudio realizado por el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Columbia concluyó a partir de la información de 70.000 mujeres que una dieta con un alto índice glucémico se asociaba a mayores probabilidades de depresión. En estos resultados se incluían aquellas dietas ricas en harinas refinadas y azúcares añadidos.

Por otro lado, algunos aspectos de la dieta parecían tener el efecto contrario, protector frente a la depresión. Sobre todo en relación a ingredientes y alimentos como la fibra, cereales integrales, frutas y verduras frescas y enteras.

¿Por qué sucede esto?

Realmente, los autores no encontraron una explicación 100% clara a los mecanismos que provocan esta relación, pero se barajaron varias hipótesis.

Por un lado, que el consumo excesivo de azúcares y cereales refinados sea un factor de riesgo para problemas cardiovasculares e inflamatorios, ambos relacionados con el desarrollo de depresión.

Y por otro, también podría ser que este tipo de dieta conduzca al desarrollo de resistencia a la insulina, una variable que ha sido relacionada con problemas y defectos cognitivos muy parecidos a los que vemos en personas con depresión.

Por supuesto, aún queda mucho por investigar en esta materia para poder establecer conclusiones sólidas sobre la depresión y algunos de sus factores asociados. Sin embargo, el efecto negativo de la comida basura parece ser un buen punto de partida para tener cada vez más claros todos los problemas que un estilo de vida insano puede provocar hacia nuestra salud. No solo física, sino también mental.

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Alimentos con moho: ¿por qué no comerlos aunque le quites la parte «fea»?

Descubrir moho en la superficie de los alimentos es algo muy habitual cuando ha pasado cierto tiempo, sobre todo tras un largo periodo en el frigorífico o la despensa.

Seguro que alguna vez has creído que era buena idea quitar la parte mohosa del alimento y comerte el resto, pero realmente podría ser peligroso. En este artículo te cuento por qué.

¿Qué es el moho?

Cuando hablamos de moho nos referimos a un grupo de microorganismos capaces de crecer y desarrollarse rápidamente en entornos húmedos a través de esporas. Por ello, su entorno ideal es el frigorífico o un tupper donde almacenamos comida, por ejemplo.

El moho crece en forma de filamentos, siendo la parte visible aquella más destacada. Es la que reconocemos fácilmente por esos colores llamativos en tonos verdes, blancos y negros. Sin embargo, también hay partes invisibles al ojo humano que pueden permanecer dentro del alimento y ser peligrosas.

También es importante recalcar que algunas especies de mohos son inofensivas para el ser humano, de hecho se utilizan con propósitos tecnológicos en multitud de quesos que tienen la corteza recubierta de moho o incluso el interior, dando un aspecto organoléptico único y característico.

Sin embargo, la mayoría de mohos no son así, sino que resultan perjudiciales para la salud. Y no solo al comerlos, sino también al tocarlos o simplemente inhalarlos. Por ello, si ves comida con moho es mejor que no la huelas para comprobar su estado ni te la acerques a la cara.

Por qué no debemos comer un alimento con moho

Como decía antes, el moho es un tipo de hongo que no se ve por completo, nosotros solo vemos su parte más superficial. Por ello, si vemos que un alimento tiene moho en la superficie significa que en el interior existen ramificaciones y filamentos de este que también están contaminando el alimento.

Por otro lado, los hongos también generan unas toxinas llamadas micotoxinas que pueden llegar a ser muy tóxicas y perjudiciales para la salud. Lo mejor siempre es tirar el alimento completo a la basura, y no quitar la parte mohosa y comernos el resto. Si hacemos esto estaremos poniendo en riesgo nuestra salud.

Ante la duda, mejor a la basura. Incluso es aconsejable que tiremos el resto de alimentos que hayan podido estar en contacto con el producto contaminado, por ejemplo en el mismo cajón de frutas y verduras del frigorífico. Es muy probable que el hongo se haya desarrollado y colonizado más alimentos de lo que parece a simple vista.

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¿Si los frutos secos tienen tanta grasa, por qué son saludables?

Los frutos secos son uno de los grupos alimentarios que despierta mayor interés entre la comunidad científica, y también en el consumidor promedio.

Durante muchos años, los frutos secos han sido considerados como perjudiciales para la salud por contener un número elevado de calorías. Sin embargo, desde hace algún tiempo sabemos que esto no es un problema para poder consumirlos, ya que sus grasas son saludables y no se relacionan con el aumento de peso según la evidencia científica. ¿Cómo es esto posible?

Las calorías no lo son todo

Lo vengo diciendo muchas veces, las calorías no son lo más importante que debemos tener en cuenta para evaluar si un alimento es insano o no. Ciertamente, es un marcador importante, y en ejemplos como los ultraprocesados nos pueden dar una pista importante sobre si un producto es poco recomendable para la salud.

Sin embargo, esto no siempre funciona, ya que existen alimentos altos en grasa que tienen un perfil saludable por el conjunto de nutrientes que los conforman. Tal es el caso de los mencionados frutos secos, pero también de otros alimentos ricos en grasa como el aguacate o el aceite de oliva virgen extra.

Grasas insaturadas saludables

¿Y qué tienen en común este tridente de alimentos altos en calorías pero saludables? Pues que sus grasas son insaturadas y tienen un perfil más sano que la mayoría de grasas saturadas.

En el caso del aguacate y el aceite de oliva virgen extra, encontramos mayoritariamente ácidos grasos de tipo monoinsaturado, como es el ácido oleico. Estos ácidos grasos se relacionan con una mayor protección cardiovascular, así como un fortalecimiento de nuestros huesos.

Por otro lado, alimentos categorizados dentro del grupo de los frutos secos, como las almendras, nueces, anacardos o cacahuetes, por ejemplo, son ricos en ácidos grasos poliinsaturados generalmente. Que nuestro cuerpo necesita obligatoriamente para realizar ciertas funciones metabólicas.

A su vez, el consumo de estos ácidos grasos poliinsaturados saludables también se relaciona con un menor riesgo de accidentes coronarios y cerebrovasculares.

Adicionalmente, el consumo de frutos secos se asocia con un menor apetito, ya que gracias a la combinación de sus grasas saludables, fibra y proteínas conseguimos una mayor saciedad en nuestro organismo. Algunos estudios también vinculan el consumo de frutos secos con un mejor manejo del peso y su manteniendo estable a largo plazo.

¿Las bebidas sin alcohol 0,0 son más saludables?

Actualmente se han puesto muy de moda bebidas alcohólicas como ron o ginebra pero 0,0, es decir, sin alcohol. ¿Es realmente posible que existan estos productos sin alcohol? Y si es así, ¿cómo se elaboran exactamente?. ¿Y la cerveza 0,0?

Cómo se elimina el alcohol

Existen diferentes métodos para eliminar el alcohol de las bebidas alcohólicas, siendo la aplicación del calor la técnica más habitual. Al calentar la bebida alcohólica, el alcohol se evapora antes que el agua ya que su punto de ebullición es inferior al del agua, que es de 100ºC. 

Sin embargo, este procedimiento presenta un problema importante, y es que con las altas temperaturas muchos compuestos organolépticos deseables que intervienen en el aroma y sabor se pierden por el camino. Es lo que sucede si aplicamos esta técnica en los vinos, por ejemplo, bebidas donde el poder olfativo tiene un protagonismo crucial.

¿Cómo se resuelve esto? Pues con la aplicación del vacío. En condiciones de vacío, se consigue que el alcohol se evapore a una temperatura todavía inferior, en torno a los 50-55ºC. De esta forma, la pérdida de propiedades organolépticas es mucho menor. Esta combinación de calor + vacío suele ser la que se utiliza mayormente en la elaboración de los vinos desalcoholizados y otras bebidas destiladas como la ginebra.

Utilizan un marketing cuanto menos engañoso

Dejando a un lado su proceso de elaboración, lo cierto es que el marketing que se utiliza en estas bebidas puede llegar a ser confuso, y sobre todo peligroso. En muchas de ellas sí que se elimina el alcohol por completo, ya que utilizan agua como base de la destilación en lugar de alcohol. Por ello, el término “0,0” siempre que vaya referido al contenido alcohólico es correcto y no llevan alcohol.

Sin embargo, otras bebidas destiladas juegan con el truco de la denominación “light”. Lo que realmente hacen es reducir un 30% el contenido de calorías equivalentes a alcohol. Por lo que sí, las bebidas llevan menos alcohol y por lo tanto menos energía, pero eso no las convierte en una opción saludable como se nos quiere hacer entender.

Ese es el peligro de utilizar estos reclamos en bebidas alcohólicas destiladas, que podemos llegar a pensar que son más saludables. Y no, ya que no existe un contenido recomendado de alcohol que sea seguro para la salud.

¿Y la cerveza sin alcohol o las 0,0?

Pasa un poco lo mismo. La mayoría de las cervezas denominadas sin alcohol, llevan un pequeño porcentaje de alcohol, por lo tanto, no serían recomendables.

Con las cervezas que indican 0,0 no tenemos este problema. Esta sería una bebida, si te apetece, para tomarla de vez en cuando, ya que aunque no tienen alcohol, presentan azúcares simples sin fibra. Alredecor de 10 gramos por lata, el equivalente a casi 3 cucharaditas de azúcar.

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