Sandía: todas sus propiedades

La sandía es una de esas frutas cuyo consumo se dispara durante el verano, con permiso del melón. Y es normal, ya que tiene una gran capacidad de refrescarnos cuando las temperaturas elevadas aparecen en escena.

Gran contenido en agua

Uno de los elementos destacados en la composición de la sandía es el agua, formando parte de esta fruta en un 95% aproximadamente.

Gracias al consumo de alimentos ricos en agua como la sandía combatimos la deshidratación en verano, que puede afectar en mayor medida a los ancianos. Con el avance de la edad perdemos nuestro apetito y sed, por ello es importante que este grupo de riesgo se hidrate cada poco tiempo bebiendo agua y consumiendo alimentos ricos en agua.

Al contener prácticamente en su totalidad agua, lo cierto es que la sandía posee un número muy bajo de calorías. Esto nos lleva a asociarla con una menor predisposición al aumento de peso, como sucede con el consumo de otras frutas, verduras y hortalizas.

Sin embargo, esta idea puede ser errónea si la usamos en otros grupos de alimentos que son altos en calorías pero no por ello son insanos. Por ejemplo los frutos secos, semillas o el aceite de oliva virgen extra. Las calorías no son lo más importante, sino la calidad de las materias primeras. Aún así, es importante que las tengamos en cuenta para conocer mejor la composición nutricional de los alimentos.

Rica en vitaminas A y C

Existen dos vitaminas que destacan por encima del resto en la composición nutricional de la sandía: la vitamina A y la vitamina C.

La vitamina A, también conocida por el nombre de retinol, se asocia con una mejor visión en las personas. Y no solo es esencial para nuestra visión, sino también para mantener la piel y los tejidos de nuestro organismo en un estado saludable.

Otra vitamina que también destaca en la sandía es la famosa vitamina C. Este micronutriente, entre muchas funciones, se asocia con una mejor absorción del hierro. Podemos encontrar unos 5 mg de vitamina C por cada 100 gramos de sandía, aproximadamente.

De hecho, tanto vitamina A como vitamina C tienen un importante poder antioxidante que ayuda a prevenir la formación de radicales libres, seguro que te suenan. Estas sustancias se crean de forma natural en nuestro organismo y están relacionadas con el envejecimiento de las células en el ser humano. Por ello, prevenir su formación se relaciona con una mayor calidad de vida y longevidad.

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¿La sandía sin pepitas es transgénica?

Seguro que has oído hablar mucho sobre el origen de la sandía sin semillas. Y es normal, ya que este alimento lleva varios años presente en nuestros mercados de forma importante.

Esta variedad ofrece todo lo bueno de la sandía convencional: frescura y sabor dulce refrescante. Sin embargo, nos evita esas molestas pepitas o semillas que solemos desechar al masticar esta jugosa fruta.

Para arrojar algo de luz en el asunto, en este artículo os doy la respuesta al origen de esta fruta tan curiosa a la par que práctica.

¿Qué es un transgénico?

Antes de nada, debemos saber que un transgénico es un organismo genéticamente modificado que posee genes provenientes de otra especie diferente. En este sentido, se diferencia entre transgénico y organismo genéticamente modificado (OGM).

Un OGM ha sido alterado mediante ingeniería genética, pero no tiene por qué contener genes de una especie distinta. En muchos OGM se busca sencillamente eliminar o “cortar” un gen determinado para desactivar cierta característica indeseable de ese organismo.

Ni transgénicos ni OGM

Una vez aclarados estos términos, debemos saber que las sandías sin semillas ni son organismos genéticamente modificados ni son transgénicos. ¿Qué son entonces?

El origen real de las sandías sin semillas se debe a la propia selección agrícola de variedades vegetales de interés que los seres humanos hemos ido realizando a lo largo de los años. Aprovechando las mutaciones naturales de las plantas hemos cruzado aquellos ejemplares cuyas características más nos interesan.

Estas prácticas de hibridación y cruzamientos llevan realizándose miles de años, desde los inicios de la agricultura. Por ello tenemos actualmente tomates más turgentes, zanahorias naranjas, y otras muchas características que reconocemos en cualquier vegetal actual. En antaño su aspecto era bastante diferente.

El origen real de la sandía sin semillas

Sin embargo, en el caso concreto de la sandía sin semillas su origen es algo más reciente. De hecho, la sandía sin semillas fue desarrollada en Japón allá por el año 1939 y lleva siendo comercializada en otros países desde hace varias décadas.

Concretamente, la sandía sin semillas se obtiene mediante hibridación cruzando dos plantas cuyo juego de cromosomas es incompatible. Este proceso da lugar a una sandía estéril incapaz de producir semillas maduras.

Pero no te preocupes por esto, la sandía sin semillas es completamente segura y saludable. Contiene todas las vitaminas y minerales de su versión convencional por lo que podemos seguir disfrutando de ella sin problemas.

Sandía, propiedades

Nutrientes 100 g: 30 calorías, grasas 0,2 g [gasas saturadas 0 g, grasas insaturadas 0,1 g], hidratos de carbono 8 g, fibra 0,4 g, azúcares 6 g, proteínas 0,6 g, colesterol 0 mg, sodio 1 mg, potasio 112 mg, calcio 7 mg, magnesio 10 mg, vitamina A 569 IU, vitamina C 8 mg

Origen

Comenzó a crecer de forma silvestre en el desierto de Kalahari en África. Los primeros datos sobre su cultivo están en Egipto en el 3.000 a. C. en los márgenes del Nilo. De aquí se extendería por las actuales regiones de Grecia, Italia y España. En el s. X se introdujo en China siendo una de las frutas más apreciadas y en el s. XVI se extendería por toda América. Sigue leyendo