¿Cómo saber la fecha de caducidad de un alimento?

Como ya sabemos, los alimentos no duran eternamente por desgracia. Esto se debe a multitud de procesos bioquímicos de degradación propios de los alimentos, así como a la proliferación de ciertos microorganismos alterantes que inician cambios indeseables en la composición de los alimentos.

Sin embargo, no siempre los alimentos que están en mal estado presentan síntomas obvios de degradación. Esto es debido a que muchos patógenos cuando están presentes en un alimento no modifican sus propiedades organolépticas como el sabor, olor o color. Por el contrario, otros microbios sí que proliferan dejando un rastro claro de su presencia, como es el caso de los mohos.

Esto significa que no debemos oler ni probar un alimento si tenemos dudas de que se encuentra en mal estado, ya que podríamos no detectarlo y acabar intoxicados. De hecho, algunas esporas generadas por hongos pueden llegar a nosotros por vía aérea. Mejor no acercar la nariz.

Por otro lado, es importante diferenciar entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente, ya que no son lo mismo. De forma general, debemos prestar más atención a la fecha de caducidad ya que es aquella que se utiliza en los alimentos más perecederos. Es decir, que se echan antes a perder.

Cuando hablamos de alimento «caducado», estamos haciendo referencia a alimentos perecederos que se echan a perder pronto y que tienen fecha de caducidad.

Suelen ser alimentos crudos, como carne, pescado o vegetales frescos, que además requieren del frigorífico para estar bien conservados en frío. También incluye platos preparados como el salmorejo o gazpacho, por ejemplo, que han tenido un tratamiento térmico muy suave para alargar la vida útil.

Normalmente, si un producto necesita ir en el frigorífico y por tanto conservarse en frío, tiene fecha de caducidad y su consumo posterior a esta fecha puede provocarnos una intoxicación alimentaria. Por lo que no debemos consumirlo después.

Por otro lado, si el alimento tiene una fecha prolongada y se conserva en la despensa, entonces estaremos ante una fecha de consumo preferente. Esto significa que podemos consumir el producto tras la fecha sin riesgo de intoxicarnos. Eso sí, pierde propiedades organolépticas, por lo que es muy probable que no sea apetecible y tampoco queramos comerlo.

Lo más importante para saber si un alimento está caducado es leer la fecha en el etiquetado. El olor puede ser un indicativo también de que se está echando a perder, pero no siempre es infalible ya que muchos patógenos crecen sin alterar los alimentos, como decíamos previamente. Así que cuidado con esto y con probar alimentos que pueden estar caducados. Mejor no hacerlo.

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Diferencias fecha de caducidad y de consumo preferente

Cuando hablamos de conservación de alimentos, generalmente existen muchas dudas sobre la interpretación correcta que damos al etiquetado de los productos, así como las condiciones idóneas de refrigeración, congelación o almacenamiento a temperatura ambiente.

Además, dentro del etiquetado alimentario encontramos un apartado que suscita bastantes dudas dentro del consumidor, como es la diferencia entre la fecha de caducidad y consumo preferente.

A continuación te explicamos qué son y en qué se diferencian cada una de ellas:

Fecha de caducidad: se indica con el día, mes y año máximo en el que se debe consumir ese producto, ya que después de esa fecha el fabricante no garantiza la seguridad alimentaria del alimento.

Esto quiere decir que, tras sobrepasar dicho periodo, comer el alimento puede provocarnos alguna enfermedad o intoxicación alimentaria relacionada con un mal estado del alimento. Este mal estado puede estar provocado por microorganismos patógenos como bacterias, virus o mohos, pero también puede deberse a procesos de degradación propios del alimento.

En cualquier caso, consumir el alimento pasada la fecha de caducidad supone un riesgo para la salud. Por ello, es mejor tirar el alimento a la basura antes que jugarse una intoxicación alimentaria.

La fecha de caducidad suele indicarse en alimentos perecederos, es decir, aquellos con menor duración y más sensibles a la temperatura, luz y humedad. Algunos ejemplos pueden ser los vegetales envasados, carne, pescado o lácteos. Estos alimentos suelen necesitar frío para su conservación, por lo que generalmente deben almacenarse en el frigorífico.

Fecha de consumo preferente: se puede indicar con el día, mes y año máximo de consumo, pero también únicamente el mes y año para productos de larga duración como las conservas.

En este caso, consumir el alimento pasada la fecha de consumo preferente no entraña un riesgo para la salud como tal. Lo que sucede es que no tenemos garantizado el mantenimiento de las propiedades organolépticas del alimento —es decir, color, olor y sabor—.

Por ello, podemos decir que consumir un alimento tras su fecha de consumo preferente no es peligroso, pero sí desaconsejable ya que su sabor seguramente no sea muy agradable.

La fecha de consumo preferente suele indicarse en alimentos con una duración mayor, generalmente con una apariencia menos húmeda y más seca, como puede ser el pan y productos de panadería, los frutos secos o las semillas.

También se incluyen en productos alimenticios tratados por el calor como las conservas, ya que de esta forma se consigue alargar muchísimo su duración o vida útil, incluso por varios años, permitiéndonos la posibilidad de disfrutar de alimentos saludables durante un largo periodo de tiempo.