5 cenas veraniegas

Te dejo 5 opciones de cenas saludables para el verano:

  1. Ensalada de quinoa y verduras a la plancha: Prepara una ensalada fresca y nutritiva con quinoa cocida y enfriada, mezclada con vegetales a la plancha como pimientos, calabacines y berenjenas. Agrega hojas verdes como espinacas o rúcula, y aliña con aceite de oliva, jugo de limón y hierbas frescas como el cilantro o el perejil.
  2. Tacos de lechuga con relleno de lentejas y aguacate: Utiliza hojas de lechuga como base para hacer tacos y rellénalas con lentejas ya cocidas, aguacate en rodajas, tomate picado, cebolla roja y cilantro. Puedes añadirle un poco de hummus como aliño.
  3. Espaguetis de calabacín con salsa de tomate fresca: Utiliza un espiralizador para hacer fideos de calabacín y cocínalos al dente. Si no tienes esta máquina, corta con el pelador de patatas el calabacín en tiras finas. Prepara una salsa de tomate fresca mezclando tomates cherry cortados por la mitad, ajo picado, aceite de oliva, sal y pimienta al gusto. Sirve los fideos de calabacín con la salsa de tomate por encima, añade hojas de albahaca fresca, un puñadito de nueves y pipas de girasol o calabaza sin salar.
  4. Ensalada de sandía y tofu a la parrilla: Corta trozos de sandía en cubos y combínalos con hojas de rúcula, pepino en rodajas y menta fresca. Añade trozos de tofu a la parrilla sazonados con hierbas y especias de tu elección. Aliña la ensalada con una vinagreta ligera de limón y aceite de oliva virgen.
  5. Sopa fría de gazpacho: Prepara un gazpacho refrescante mezclando tomates maduros, pepino, pimiento rojo, cebolla, ajo, aceite de oliva, vinagre de vino tinto, sal y pimienta. Tritura todos los ingredientes en una batidora hasta obtener una textura suave. Sirve la sopa fría en un tazón y decora con trozos pequeños de tomate, pepino y hierbas frescas. Para hacerla más completa, añade semillas de calabaza y 2-3 cucharadas de garbanzos cocidos.

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¿Es mejor cenar poco y desayunar mucho?

Seguro que has escuchado multitud de veces que el desayuno es la comida más importante del día y que es mejor no irse a la cama con la barriga llena. Y sí, esto puede tener cierto sentido, pero no es algo milagroso ni definitivo.

Es más importante lo que comes que cuando lo comes

Como siempre, todo dependerá de la calidad nutricional de los alimentos que comes. Si tu desayuno está basado en cereales azucarados, bollos, galletas y cacao azucarado y, aunque tu cena sea prácticamente nula, es muy probable que tu salud se vea mermada independientemente del horario de comidas e ingestas que lleves a cabo.

Además, debemos tener en cuenta los posibles déficits en nutrientes que entrañan este tipo de prácticas. Si haces un desayuno muy malo y no cenas apenas, realmente tienes muy poco margen para introducir alimentos saludables que te aporten todas las vitaminas y minerales que tu cuerpo necesita.

Por otro lado, la evidencia científica en relación al horario de las comidas es bastante limitada. Esto quiere decir que, por el momento, no hay consenso sobre si es mejor realizar 5 comidas que 3 o sobre si desayunar es algo definitivo para estar sano.

Así que, por el momento, las recomendaciones deben basarse en la lógica. Si eres una persona a la que no apetece desayunar, pues no hace falta que lo hagas. Ni poco ni mucho. Simplemente come cuando tengas hambre. Esto también hará que, si tus rutinas matutinas son poco saludables por todos los ultraprocesados ligados a la cultura del desayuno, te quites todos esos productos innecesarios de por medio.

Por otro lado, sí que hay ciertos estudios que confirman que irnos a la cama después de comidas muy copiosas y excesivas se relaciona con un peor descanso y una peor salud, ya que las digestiones serán muy pesadas y nos costará más conciliar el sueño.

En resumen: sí que es mejor cenar poco por la noche, pero no es imprescindible hacer una ingesta potente durante la mañana en el desayuno. Todo esto siempre debe considerarse como un consejo genérico, por lo que debemos tener en cuenta que no sirve para todas las personas.

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¿Es malo cenar lechuga?

Desde hace muchos años existe la creencia popular de que cenar lechuga puede ser perjudicial para nuestra salud. Sin embargo, no existen evidencias científicas que prueben tal cosa de forma contundente para todo el mundo.

Entonces, ¿a qué se debe este mito tan arraigado en la población? ¿Puede ser que de alguna forma la lechuga llegue a sentarnos mal? Veámoslo a continuación.

Los beneficios de la lechuga

La composición de la lechuga es en su inmensa mayoría agua. Casi un 90% de la misma está compuesta por el líquido elemento, por lo que tiene un gran poder hidratante en nuestro organismo. A su vez, que esté formada mayormente por agua significa que su proporción calórica es muy baja, lo cual puede ser interesante en ciertos contextos y situaciones de pérdida de peso.

Algunos micronutrientes de interés que nos aporta son el ácido fólico, potasio, calcio y vitamina C, lo que le otorga una interesante función antioxidante. Respecto a estas vitaminas y minerales, por cada 100 gramos de lechuga encontramos hasta 33,6 mg de ácido fólico, 220 mg de potasio, 34,7 mg de calcio y 12,2 mg de vitamina C

Lo que suele sentarnos mal

Como norma general, lo que suele sentarnos mal no es la lechuga en sí misma, sino el resto de ingredientes y salsas de pobre calidad nutricional que pueden acompañar a la lechuga (por ejemplo, la salsa César que es muy densa e hipercalórica).

Por otro lado, cuando usamos lechuga para preparar una ensalada es posible que alguno de los ingredientes que la acompañan sí que nos sienten mal de forma individual (queso por la lactosa, por ejemplo). Incluso la propia lechuga podría sentarnos mal a nosotros mismos, pero eso no quiere decir que a todo el mundo le pase ni que deba ser un alimento desaconsejado en la dieta. Cualquier alimento puede sentarnos mal de forma individual sin que esto sea extrapolable al resto.

Otro elemento que podría ser el culpable de una mala digestión asociada incorrectamente a la lechuga es el exceso de sal. La sal también hace que retengamos más líquidos, por lo que si la tomamos en abundancia es posible que nos llegue a sentar mal.

Como conclusión, no debemos tenerle miedo a la lechuga. De hecho, es una gran aliada en nuestros platos por todas las vitaminas y minerales comentados anteriormente, así como por su enorme poder saciante.

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¿Puedo comer de todo en la cena?

Quizás la cena sea la ingesta del día sobre la que hay una mayor cantidad de mitos, falsas verdades, bulos que se han extendido muchísimo, sobre todo propagados por esas dietas milagro que no son nada efectivas, pero cuyos consejos acaban calando en gran parte de la sociedad.

Lo primero que debemos decir es que eso de ‘comer de todo’ también es un invento de la industria que nos han convencido que un poco de todo es tomar refrescos, tomar bollería, azúcares refinados… y no es cierto que haya que comer de todo, habría que añadir ‘hay que comer de todo LO SALUDABLE‘, puedes tomarte un refresco de vez en cuando, bollería… pero sabiendo que no es nada saludable, teniendo esa información. Sigue leyendo