Horno: dos precauciones

Se popularizó muchísimo hace unos años el uso del horno como sinónimo de comida saludable y no es del todo cierto. Nos convencieron de lo saludable del cocinado al horno porque utilizamos menos aceite y eso es verdad.

Ahora bien, la mayoría de los aceites al calentarnos por encima de los 110 – 120 grados, transforman en un gran porcentaje de sus grasas saludables en grasas saturadas, un horneado rara vez baja de los 180 grados. Además de aumentar los radicales libre.

Si queremos usar el horno habitualmente es mejor añadir ese chorrito de aceite siempre en crudo, una vez horneado el alimento o utilizar muy pocas cantidades de aceite, reduciría drásticamente sus inconvenientes, en este caso no habría problema por utilizarlo más veces.

Si horneamos con mucho aceite, sería igual que freír, poco recomendable.

El otro gran problema puede ser el exceso de acrilamida. La acrilamida es un compuesto potencialmente tóxico, incluso cancerígeno, que encontramos en los alimentos excesivamente tostados. El horneado se ha descubierto como una de las formas de cocinado que más acrilamida generan. Solución: tostar ligeramente los alimentos, pero no en exceso, y desde luego, evitar esas zonas negras con exceso de tostado/quemado de los alimentos.

¿Duermes mal?, ¿te cuesta conciliar el sueño?. Mi nuevo complemento te puede resultar útil: vegvital.com

Acrilamida: cómo evitar su formación en casa

La acrilamida es un compuesto químico generado de forma natural al calentar algunos tipos de alimentos a altas temperaturas. Aproximadamente, a partir de unos 120ºC comienza a formarse acrilamida. Es decir, hace falta una temperatura elevada para que este compuesto empiece a generarse.

Sin embargo, su formación es especialmente elevada a temperaturas cercanas a los 180ºC, que son las que utilizamos habitualmente para freír. Por ello, es recomendable vigilar en casa las temperaturas a las que freímos o tostamos alimentos con el fin de no generar demasiada acrilamida en nuestra comida.

Los alimentos y productos fritos como croquetas, patatas y otro tipo de empanados son aquellos que tradicionalmente se vienen asociando con una presencia elevada de acrilamida en nuestra dieta.

Sin embargo, otros alimentos de consumo cotidiano como el pan o el café también están íntimamente relacionados con la formación de acrilamida al tostarlos o cocinarlos en general a temperaturas elevadas.

Para que la formación de acrilamida tenga lugar es necesario que el alimento en cuestión posea en su composición un azúcar reductor —como por ejemplo la glucosa— y el aminoácido asparagina. Cuando se juntan estos dos elementos, la acrilamida es capaz de formarse en alimentos. Por ello, los alimentos ricos en hidratos de carbono son claros candidatos a la generación de acrilamida.

Si queremos minimizar la presencia de acrilamida en los alimentos que preparamos en casa, podemos seguir algunas pautas básicas. Por ejemplo, el más típico es vigilar el color de nuestras tostadas o patatas fritas, buscando siempre un color dorado pero no excesivamente quemado. Cuanto más intenso sea este color oscuro, mayor contenido de acrilamida se habrá formado en los alimentos.

Por otro lado, también puede ser interesante controlar la temperatura del aceite de fritura, intentando que no sobrepase los 170ºC aproximadamente. De esta forma conseguiremos reducir los niveles de acrilamida en nuestra dieta de forma considerable.

Otro truco para saber cuándo el aceite está demasiado caliente es cuando empieza a humear. Ese punto de humeo resulta clave también para distinguir los diferentes aguantes que tienen las distintas variedades de aceite ante el calor. 

A pesar de que todavía no está claro si la acrilamida es un compuesto perjudicial para la salud de los seres humanos, sí que se tienen bastantes indicios de que su consumo se relaciona con el cáncer. Por ello, la industria alimentaria lleva varios años aplicando importantes medidas preventivas para minimizar de esta forma la presencia de acrilamida en alimentos procesados de consumo habitual como el pan y café tostado o las patatas fritas.

A vueltas con la ‘acrilamida’, ¿qué es?

Seguro que has oído hablar en muchos medios de comunicación sobre la acrilamida, ya que la Unión Europea ha pedido a la industria alimentaria que bajen o controlen los niveles en los productos procesados. Pero, ¿qué es la acrilamida?, es un compuesto que se produce cuando un aminoácido y un azúcar son sometidos a altas temperaturas, generalmente por encima de los 120 grados, y en ambientes secos, por lo tanto es más habitual en fritos y horneados a altas temperaturas. Sigue leyendo