Grasas saturadas vs. insaturadas

Desde hace muchos años se nos lleva diciendo que las grasas saturadas son perjudiciales para la salud, mientras que aquellas insaturadas se relacionan con un mejor perfil saludable. Pero, ¿qué hay de cierto en esto? ¿Sabemos realmente cuál es la diferencia entre ambos tipos de grasas?

Qué es la grasa saturada

Los ácidos grasos saturados son aquellos que no poseen dobles enlaces de carbono en su estructura química. Esta particularidad química confiere a este tipo de grasa ciertas diferencias respecto a la grasa insaturada, como por ejemplo la propiedad de ser sólidas a temperatura ambiente.

El problema que presenta la grasa saturada es que se relaciona mediante diferentes estudios científicos con una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares como infarto de miocardio, hipertensión o aterosclerosis, que es la obstrucción de nuestras arterias.

Qué es la grasa insaturada

Por otro lado, las grasas insaturadas son aquellas que tienen al menos un doble enlace entre los átomos de carbono de su estructura. Esto hace que los ácidos grasos insaturados sean líquidos a temperatura ambiente.

Además, encontramos dos tipos de grasas insaturadas que seguramente te resulten familiares: las monoinsaturadas y las poliinsaturadas. Como bien dice el nombre, los ácidos grasos monoinsaturadas son aquellos que únicamente poseen un doble enlace químico. Un ejemplo sería el ácido oleico, característico del aceite de oliva.

Por otro lado, los ácidos grasos poliinsaturados son aquellos que poseen más de un doble enlace químico.

Al revés de lo que sucede con las grasas saturadas, tanto las grasas monoinsaturadas como aquellas poliinsaturadas han mostrado ciertos beneficios saludables en la prevención de problemas cardiovasculares. Es decir, mientras que la grasa saturada empeora nuestra salud cardiovascular parece que la grasa insaturada la mejora.

Esto se relaciona también con el famoso colesterol bueno y colesterol malo, que realmente hace referencia a unas lipoproteínas que transportan el propio colesterol en nuestro organismo: las lipoproteínas LDL de baja densidad o “colesterol malo”, y las lipoproteínas HDL de alta densidad o “colesterol bueno”. Lo que sucede es que el consumo de ácidos grasos insaturados como los Omega-3 se relaciona con una mayor proporción de lipoproteínas de alta densidad o HDL, lo que se conoce popularmente como el “colesterol bueno”, un indicativo de salud en ciertas analíticas médicas.

De hecho, las lipoproteínas HDL se pueden considerar como el colesterol “bueno” porque un nivel saludable sirven para proteger contra los ataques cardíacos y los ataques cerebrales. La función concreta que cumplen las lipoproteínas HDL es transportar el colesterol hacia el hígado para que pueda ser metabolizado correctamente.

Sandía: todas sus propiedades

La sandía es una de esas frutas cuyo consumo se dispara durante el verano, con permiso del melón. Y es normal, ya que tiene una gran capacidad de refrescarnos cuando las temperaturas elevadas aparecen en escena.

Gran contenido en agua

Uno de los elementos destacados en la composición de la sandía es el agua, formando parte de esta fruta en un 95% aproximadamente.

Gracias al consumo de alimentos ricos en agua como la sandía combatimos la deshidratación en verano, que puede afectar en mayor medida a los ancianos. Con el avance de la edad perdemos nuestro apetito y sed, por ello es importante que este grupo de riesgo se hidrate cada poco tiempo bebiendo agua y consumiendo alimentos ricos en agua.

Al contener prácticamente en su totalidad agua, lo cierto es que la sandía posee un número muy bajo de calorías. Esto nos lleva a asociarla con una menor predisposición al aumento de peso, como sucede con el consumo de otras frutas, verduras y hortalizas.

Sin embargo, esta idea puede ser errónea si la usamos en otros grupos de alimentos que son altos en calorías pero no por ello son insanos. Por ejemplo los frutos secos, semillas o el aceite de oliva virgen extra. Las calorías no son lo más importante, sino la calidad de las materias primeras. Aún así, es importante que las tengamos en cuenta para conocer mejor la composición nutricional de los alimentos.

Rica en vitaminas A y C

Existen dos vitaminas que destacan por encima del resto en la composición nutricional de la sandía: la vitamina A y la vitamina C.

La vitamina A, también conocida por el nombre de retinol, se asocia con una mejor visión en las personas. Y no solo es esencial para nuestra visión, sino también para mantener la piel y los tejidos de nuestro organismo en un estado saludable.

Otra vitamina que también destaca en la sandía es la famosa vitamina C. Este micronutriente, entre muchas funciones, se asocia con una mejor absorción del hierro. Podemos encontrar unos 5 mg de vitamina C por cada 100 gramos de sandía, aproximadamente.

De hecho, tanto vitamina A como vitamina C tienen un importante poder antioxidante que ayuda a prevenir la formación de radicales libres, seguro que te suenan. Estas sustancias se crean de forma natural en nuestro organismo y están relacionadas con el envejecimiento de las células en el ser humano. Por ello, prevenir su formación se relaciona con una mayor calidad de vida y longevidad.

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¿Sirve el melón para adelgazar?

El melón es una fruta muy popular, sobre todo con la llegada del calor.

Es lógico, ya que la temporada del melón en España tiene lugar predominantemente durante los meses de verano, es decir, entre los meses de junio y septiembre.

Por ello su consumo aumenta durante los mencionados meses, aunque arrastra tras de sí muchos mitos nutricionales.

El melón es una fruta saludable

El melón es rico en agua, vitamina C, magnesio, potasio, magnesio y vitamina A. También destaca por su contenido en fibra dietética, compuesto asociado con múltiples beneficios para la salud en relación al tránsito intestinal y una mejor absorción de nutrientes.

Cuidado con las dietas con “nombres y apellidos”

Como sucede con muchos alimentos, existe la creencia de que podemos adelgazar consumiendo solamente un tipo de alimento, como puede ser el caso del melón.

Esta práctica consiste en ingerir el mismo alimento de forma exclusiva durante varios días o semanas para conseguir un supuesto efecto adelgazante. Por supuesto, el melón no se escapa de esta trampa nutricional y cuenta con su propia dieta anunciada en diversos lugares de la red.

Pero, ¿sirven este tipo de prácticas para adelgazar realmente? Probablemente sí, ya que si consumimos alimentos bajos en calorías en cantidades pequeñas, como sucede con el melón, nuestro balance energético será negativo y acabaremos perdiendo peso. Esto significa que estaremos consumiendo menos calorías de las que gastamos.

Como podrás imaginar, esta pérdida de peso agresiva es peligrosa para la salud y está totalmente desaconsejada. Implica un riesgo enorme, ya que podemos sufrir enfermedades asociadas a déficits nutricionales que pongan en riesgo nuestra salud.

También debemos contar con el“efecto rebote”, responsable de que recuperemos todo el peso perdido durante este periodo de restricción alimentaria. También puede suceder que ganemos peso posteriormente.

Huye de dietas milagrosas

Ningún alimento contiene todos los nutrientes esenciales que nuestro cuerpo necesita, aunque sea una fruta saludable como el melón.

Por ello, debemos huir de dietas restrictivas que suponen un peligro para la salud. Esto aplica tanto para la “dieta del melón” como para cualquier otro protocolo dietético basado en un alimento en exclusividad.

Nuestra alimentación debe estar basada en el consumo de alimentos saludables y variados como frutas, verduras, granos integrales, hortalizas, legumbres, así como frutos secos.

El consumo de melón es sano y recomendable, por supuesto. Eso sí, nunca deberíamos pensar que tiene propiedades adelgazantes o que es un alimento mágico. El melón es una opción saludable más de entre todas las que hay para incluir en nuestra dieta saludable.